La importancia de las REDES de apoyo

“La salud es una manera de vivir autónoma, solidaria y gozosa” (Jordi Gol, 1976)

 

Las redes sociales son un poderoso agente de bienestar y salud de las personas, que l@s profesionales debemos saber fortalecer (o generar, si no existen). Tienen una importancia capital en cualquier tipo de proceso tendente al bienestar y el desarrollo humano pleno.

Ring of many hands team

Desde el punto de vista estructural, la caracterización de los sistemas de apoyo social es básicamente de red social. La modalidad en que las personas operan dentro de una comunidad son las redes de comunicación. Este es un concepto y un instrumento sumamente útil para el trabajo comunitario. Cada persona de la comunidad mantiene relaciones de comunicación con otras personas pertenecientes a la misma comunidad, y puede -además- ampliar tanto el número como el tipo de relaciones. Precisamente es esta posibilidad de ampliación y utilización de las redes sociales, lo que constituye -a mi juicio- uno de los núcleos fundamental del trabajo profesional en atención primaria (ya sea en el ámbito de la salud, los servicios sociales, etc.). La principal función de este tipo de intervención profesional es el estímulo y sostén de la autoayuda y la ayuda mutua. La existencia de redes -formales e informales- es lo que protege socialmente a las personas, familias y grupos; evitando o disminuyendo los riesgos de exclusión social y, por ende, el empeoramiento de su estado de salud (entendida en el sentido que aparece al inicio de este post). Es decir, la creación y el fortalecimiento de las diversas redes sociales (y especialmente las de apoyo social) constituye el mejor antídoto preventivo frente a problemas sociales que derivan en marginación, desintegración y exclusión social, falta de salud en definitiva.

De acuerdo a este enfoque operativo, cada persona puede ser equivalente a un punto del cual parten líneas (relaciones de comunicación) hacia otros puntos (persona o personas con las que se relaciona), convirtiéndose en centro de una red. Así, una red social está formada por las series de relaciones que cada persona configura en torno suyo. Cada una de estas relaciones puede tener cualidades muy diversas: distinta frecuencia, distintos contenidos (utilitarios o emocionales), y dependiendo de las mismas se pueden identificar distintos niveles de densidad según el sector de la red de que se trate. De este modo, podemos identificar áreas donde se refuerzan valores o normas, y nuestra intervención en ellas nos puede permitir una mayor capacidad de acción. Cada persona participa en varias redes, pudiendo existir superposiciones e interconexiones entre ellas.

Es importante que l@s profesionales sociales y sanitarios identifiquen las redes de comunicación más importantes de su comunidad, y que sepan en torno a qué personas se producen más intercambios. Esto nos indicaría cuáles son las personas de mayor influencia y a través de las cuáles podemos llegar a otras a las que nos sería difícil llegar nosotros directamente. Saber cuáles son estas redes sociales es algo que podemos ir conociendo a medida que vayamos trabajando con la gente, siempre y cuando tengamos una actitud receptiva y seamos buenos observadores. Algunas redes de apoyo social podemos identificarlas con relativa facilidad si existen grupos de ayuda mutua u otro tipo de asociaciones sociales. Otras, por su carácter más informal puede ser más dificultoso. En cualquier caso, siempre es útil preguntar a las personas que llevan más tiempo en la comunidad y a otros agentes externos que puedan conocerlas con mayor profundidad. Si no somos capaces de identificar esas redes y de introducirnos en ellas (contactando con personas que aparezcan en las zonas de mayor densidad de la red), difícilmente podamos tener una verdadera influencia y estimular los cambios necesarios para la transformación. Por otra parte, el conocimiento de las redes de apoyo social específicamente, nos puede permitir realizar un trabajo de apoyo y refuerzo que complemente acciones de la propia población. Dicho en otras palabras, nuestra acción en estos casos no debe ser sustituir sino apoyar, ayudar y reforzar a aquellas personas y grupos que -como parte de dichas redes- ya cumplen una función social en el seno de la comunidad.

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El trabajo en atención primaria, de salud y de servicios sociales, enfrenta un gran reto si quiere potenciarse y desarrollar el rol que puede llegar a jugar, y si quiere demostrar su importancia y significación en la sociedad contemporánea: la acción de grupo será la clave en el futuro y de su potenciación dependerá que en el futuro nuestro actual sistema sanitario tenga una orientación comunitaria para cuidar la salud de las personas. Sólo si somos capaces como profesionales de lograr que la gente se ayude a sí misma -y esto sólo puede hacerse a través del grupo y el apoyo social que éste genera-, actuando como catalizadores del proceso, estimulando y asesorando, nunca sustituyendo la acción de las propias personas, haremos que el trabajo comunitario en salud tenga sentido. No podemos conformamos con ser meros proveedores o intermediarios de servicios y prestaciones sanitarias, la atención primaria no va de eso.

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¿La educación social como garante de los derechos de la ciudadanía?

carnavaldeblogs_castAcepto el reto de escribir este post, sin apenas tiempo y “de un tirón”, porque desde CEESC han querido que nos sumemos a este “carnaval” algunas profesionales de disciplinas afines y cercanas a la educación social. En mi caso, desde el Trabajo Social. Gracias, en primer lugar, por esta invitación a la reflexión.

He puesto entre signos de interrogación el título (y tema global del carnaval) porque -como decía Paulo Freire-, mucho más interesante que dar respuestas, es formular preguntas.

Para responder a la pregunta que da título a esta breve reflexión, es preciso aclarar primero ¿qué entendemos por ciudadanía? O, mejor, ¿qué significa ser ciudadano/a?.

 Según el Consejo de Europa, ciudadano/a es cualquier “persona titular de derechos y obligaciones en una sociedad democrática”. Es decir, la ciudadanía nos remite necesariamente a un contexto político. Y si la ciudadanía -como indica Marshall-, es el estatus que se concede a los miembros de una comunidad política, cualquier exclusión de la ciudadanía significa una disminución de derechos. Parece obvio, entonces, que no puede haber ciudadanía PLENA sin el reconocimiento (y su consecuente posibilidad de ejercicio) de TODOS los derechos (humanos, sociales, económicos, civiles y culturales). Dicho en otras palabras: el no reconocimiento, o la limitación en el ejercicio, de algún derecho, significa una devaluación-eliminación del estatuto de ciudadana/o.

En una sociedad democrática, y sobre todo si esa sociedad se configura políticamente como un Estado Social de Derecho (que es lo que pone –al menos por escrito- en la Constitución Española actual), ¿se pueden exigir unos deberes como ciudadano y una integración social plena a quien no tiene los derechos básicos reconocidos?

La integración social pasa por una integración política plena y unos mínimos niveles de integración socio-económica. Por lo tanto, la premisa fundamental para la integración social de cualquier persona (incluidas todas las personas migrantes) ha de basarse en su reconocimiento como ciudadano, con derechos y deberes, y no en su identidad. Como tan acertadamente ha señalado Javier de Lucas, el reconocimiento de derechos es una condición previa y necesaria (aunque no suficiente) para que haya una política y una realidad social de integración. La integración es un proceso enormemente complejo, en el que intervienen factores psicológicos, sociológicos, políticos, económicos y culturales. Pero sin el reconocimiento previo de derechos y su posibilidad de ejercicio, solo cabe hablar de políticas de integración parcial. Integrar es, primeramente, equiparar en derechos, y todo lo que sean reformas legislativas que recortan derechos de las personas (inmigradas o con cualquier diversidad funcional, etaria, de género, etc.) son actuaciones en contra de su integración social. Hay que procurar, por tanto, una amplia equiparación de derechos desde el principio: los derechos son condición previa, jamás deben concebirse como un resultado final a modo de premio por el “buen comportamiento” o la superación de una carrera de obstáculos vitales.

Teniendo en cuenta la reflexiones previas, cabe preguntarse ahora lo siguiente: ¿puede una profesión social –como la educación social, por ejemplo- no ser garante de los derechos de ciudadanía?

 En mi opinión, cualquier profesión de ayuda (ya sea la educación social, el trabajo social, la psicología, la pedagogía, el magisterio, etc.), sólo puede alcanzar sus bienes intrínsecos, y por tanto ser útil para la sociedad, cumpliendo una función social positiva para el desarrollo de la misma. Y esto sólo es posible si las personas que ejercemos dichas profesiones ayudamos a los demás a alcanzar el máximo de sus potencialidades y a lograr su pleno desarrollo personal y social; lo que implica remover y luchar contra los obstáculos que muchas veces impiden o dificultan dicho desarrollo potencial.

Así pues, yo formularía la pregunta inicial al revés para todas las profesiones de ayuda, pero hoy especialmente para las y los educadores/as sociales: ¿puede la Educación Social no ser garante de los derechos de ciudadanía? Obviamente no. Y si alguien que no trabaje activamente por ese reconocimiento y ese ejercicio pleno de tales derechos, llama a su quehacer profesional como “educación social”, debe saber que no merece reconocimiento alguno, ni por parte del cuerpo profesional, ni por parte del resto de la sociedad. Y más valdría que se dedicara a otro menester.

¡Feliz Día Mundial de la Educación Social, y felicidades a tod@s mis estudiantes del grado de Educación Social en la UCLM, por haber elegido esta profesión tan apasionante!

edusocday

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2 RECOMENDACIONES para trabajador@s sociales (y estudiantes)

Una para quienes desean iniciarse en la investigación en Trabajo Social y otra para profesionales que llevan trabajando mucho tiempo.

Cierro con este tercer post la serie dedicada a las preguntas que me formularon las colegas de Navarra el pasado mes de mayo. Espero que os guste tanto como las anteriores.

  1. ¿Qué recomendarías a los jóvenes que quieren estudiar Trabajo Social y realizar investigación de campo?

Que se aseguren de tener una buena formación previa en métodos y técnicas de investigación social. Una de las principales debilidades con que me encuentro cuando evalúo proyectos de investigación, monografías y estudios, artículos para revistas científicas, contribuciones a congresos, tesis o informes de investigación en el campo de las ciencias sociales (sobre todo en España), es que una buena parte de los realizados por trabajadores sociales, tienen debilidades metodológicas evidentes. Las ideas de partida de la investigación pueden ser buenas e interesantes, pero lamentablemente muchas veces los resultados son endebles, inútiles, poco creíbles, o directamente irrelevantes. Y esto ocurre porque el diseño metodológico no es adecuado, ni potente; o porque las técnicas de recogida de datos no son apropiadas al objetivo de la investigación; o porque los sujetos a estudiar no están adecuadamente definidos ni correctamente seleccionados; o porque no se saben traducir los conceptos a investigar en las variables a indicadores pertinentes; o porque la validación no ha sido bien realizada, etc. Todos estos problemas, son de naturaleza metodológica, y fácilmente solucionables con una buena formación metodológica en investigación social.

Luego, hay que tener “olfato” y dedicarse a investigar algo que sea de verdadero interés y que tenga utilidad para alguien. No tiene sentido investigar para descubrir la pólvora. En este sentido, les recomendaría que se adentraran en caminos inexplorados, que son mucho más interesantes que estudiar lo ya estudiado.

Una última recomendación sería que se atreviesen (aunque esto requiere de bastante bagaje teórico y conceptual, no sólo metodológico) a pasar de los estudios e investigaciones meramente descriptivas (que son la mayoría de las que se hacen) y se adentraran en el intento de pasar a un nivel clasificatorio y explicativo. Esas son las investigaciones que tienen valor a medio y lago plazo, las que pueden ser de utilidad para otros profesionales y otros investigadores de otros tiempos y otros lugares. Son las investigaciones que generan conocimiento científico relevante.

  1. ¿Qué le dirías a los profesionales del Trabajo Social?

Que la diferencia entre ser una trabajadora social “correcta” y una trabajadora social “excelente” está en la dimensión ética de la profesión. Y que eso implica ser capaz de encarnar en la vida personal los valores de la profesión. Tenemos que revisar de vez en cuando (para no olvidarlos) cuáles son esos valores y principios que constituyen la misión (el télos) de nuestra profesión. No deberíamos olvidar nunca cuáles son los bienes internos intrínsecos del trabajo social, porque son esos bienes los que hacen que nuestra profesión sea útil a la sociedad. Es esta dimensión axiológica o valorativa la que da todo el sentido a la acción profesional. Todas las personas que nos dedicamos profesionalmente al trabajo social hemos de buscar la construcción de una sociedad en la que cada sujeto pueda dar el máximo de sí mismo como persona, de modo tal que nuestra tarea consistirá tanto en la potenciación de las capacidades propias de las personas para vivir en sociedad como en el intento de remover los obstáculos que impidan su realización. Nunca deberíamos olvidar en nuestro quehacer profesional esta misión que otorga el sentido último y el valor social al trabajo social (tanto en lo profesional como en lo disciplinar).

La nuestra es una profesión no exenta de tensiones, dilemas y paradojas, pero eso es lo que la hace tan interesante de ejercer. Y siempre que tengamos presente en nuestras acciones cuál es la misión del trabajo social, estaremos –a pesar de las dificultades- haciendo avanzar los procesos de desarrollo humano. Aunque a veces ni-love-tsos parezca que no avanzamos o que lo hacemos muy lentamente.

Ser trabajadora social es todo un reto, un desafío permanente si nos tomamos en serio nuestro accionar en la vida. Pero un reto y un desafío que, en mi humilde opinión, merece la pena ser vivido y dedicar toda una vida a ese empeño.

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3 RESPUESTAS SOBRE EL TRABAJO SOCIAL

Mi visión hoy sobre los estudios, la profesión y lo comunitario.

Comparto aquí una segunda parte de la entrevista sobre Trabajo Social que me hicieron las colegas del Colegio de Trabajo Social de Navarra el pasado mes de junio.

  1. ¿Cuál es tu visión acerca de la evolución experimentada por los estudios de Trabajo Social en los últimos años?

Haciendo un balance de mayor alcance histórico, creo que la incorporación de los estudios al ámbito universitario hace casi tres décadas, supuso un avance en normalización administrativa y académica que abrió posibilidades de legitimación profesional y disciplinar. Posibilidades que fueron mejor aprovechadas en el ámbito profesional que en el disciplinar, al menos durante las dos primeras décadas. Los avances en el ámbito disciplinar han ido apareciendo más tardíamente, seguramente lastrados por dinámicas de poder en el seno de las universidades y por el importante déficit de estudios de posgrado y doctorado, propios y específicos de trabajo social en nuestro país, que aún hoy existe en la mayor parte de las universidades. Este déficit de formación para la investigación de excelencia no se ha resuelto aún, ni se resolverá creando cada facultad “su” postgrado: es preciso articular unas ofertas sólidas y de calidad que sólo mediante las sinergias adecuadas entre distintas universidades puedan asegurar la masa crítica suficiente y de calidad para hacer avances significativos en el conocimiento. Y me temo que en el país de “cada maestrillo tiene su librillo” o del “yo me lo guiso, yo me lo como”, donde hay demasiado afán de protagonismo por parte de los centros y poca generosidad institucional, el camino será más lento y dificultoso de lo deseable.

Pero volviendo a la pregunta: si consideramos la evolución más reciente de los últimos años, a partir de la implantación del sistema de “Bolonia”, me parece a mí que el aumento de un año de estudios para alcanzar el grado en trabajo social ha supuesto la consecución automática de una aspiración (la licenciatura) que no se había logrado antes, pero tengo serias dudas de que esa ampliación en un año más de estudios haya sido bien aprovechada para mejorar la formación de manera significativa. Soy bastante crítica con respecto a algunos “viejos vicios” que el “nuevo sistema” ha perpetuado o no ha contribuido a resolver adecuadamente. Así, por ejemplo, creo que hay una excesiva fragmentación en mini-asignaturas que no ayuda a generar más ni mejores saberes, ni contribuye al desarrollo de un pensamiento crítico, tan necesario en nuestro ámbito. A veces tengo la sensación de que se ha producido una cierta “banalización” de la formación universitaria en general, y en las ciencias sociales en particular.

  1. ¿Cómo ves el Trabajo Social en la actualidad?

Lo veo con luces y sombras. Luces porque tenemos ante nosotras retos y desafíos que pueden permitirnos dar un salto cualitativo importante como profesión y como disciplina, siempre que sepamos identificarlos y elaborar las respuestas adecuadas a dichos desafíos (como son la globalización, la crisis del patriarcalismo, el ascenso de la conciencia ecológica, los nuevos movimientos sociales, las redes de resistencia transformadora, el reconocimiento y la apuesta por los bienes comunes, la acción comunitaria participativa, etc.). Pero también sombras, porque el trabajo social (como todas las ciencias sociales y disciplinas profesionales de ayuda) tenemos nuestros “propios muertos en el armario” y hemos contribuido no pocas veces a la vigilancia y el control de los cuerpos y las mentes de los excluidos y de “los nadies” (que diría Galeano). En no pocas ocasiones hemos desarrollado funciones para vigilar y castigar (Foucault), en lugar de escuchar para emancipar y comprender para transformar. Es en esa tensión entre el control y la emancipación, entre la dominación (sutil o manifiesta) y la acción crítico-transformadora, donde se juega hoy la arena del trabajo social, en el mundo y en nuestro país. Estamos en una verdadera encrucijada vital como trabajadoras sociales: esto es emocionante porque nos permite la posibilidad de hacer contribuciones relevantes al desarrollo humano y la justicia social; pero también es amenazante porque podemos no estar a la altura de lo que las personas necesitamos, y terminar siendo responsables de un retroceso sin precedentes (que es lo que hoy representaría, a mi juicio, el mantenimiento del statu quo).

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  1. ¿Qué aportaciones al Trabajo Social puede hacer desde lo comunitario hoy?

El trabajo social tiene, en primer lugar, que volver a creerse la acción comunitaria. Tristemente, este tipo de intervención profesional, que es la más eficaz a medio y largo plazo, apenas si tuvo desarrollo en nuestro país y cuando se crearon los servicios sociales municipales apenas se le dio importancia (más allá de algunos ayuntamientos concretos). Las labores de dinamización comunitaria, trabajo con colectivos sociales, el desarrollo de procesos participativos de base comunitaria, etc. fueron campos y ámbitos abandonados por la profesión en un momento histórico en que seguramente nos dedicamos a ganar otros espacios. Y claro, aparecieron otras figuras profesionales que entraron a desarrollar esas labores de acción comunitaria que ahora nos vemos obligadas a “redescubrir” y a “reimplementar”. Creo que no somos conscientes de los aportes tan relevantes que nuestra profesión ha hecho al campo comunitario a escala planetaria y lo largo de la historia. Esos aportes del trabajo social son hoy la fuente que nutre a todo tipo de profesionales cuando hacen actuaciones con y desde la comunidad: desde médicos y enfermeras de atención primaria, maestras y educadores, monitores de ocio y tiempo libre, animadores socioculturales, agentes de desarrollo local, psicólogos sociales, etc. No tenemos que inventarnos nada nuevo, es suficiente con conocer y saber utilizar bien los saberes propios de nuestra profesión. Y es preciso darles a esos saberes la importancia que merecen en la formación profesional (que la veo muy débil en ese aspecto en nuestro país). Por eso creo que hay potenciar más y mejor la acción comunitaria en la formación profesional, en las reuniones y congresos profesionales, en actividades de formación y reciclaje, en intercambios, etc. Me apena mucho comprobar cómo, en bastantes lugares, a veces saben hacer mejor un diagnóstico comunitario o diseñar un proyecto participativo otros profesionales, en lugar de los trabajadores sociales. Por eso insisto en la importancia de la formación, la práctica profesional y del reconocimiento a este tipo de intervenciones. Por otra parte, en el trabajo individualizado (familiar o “de caso”, según los gustos) muy raramente se ha utilizado el enfoque comunitario (como sí ha ocurrido en otros países europeos), y ese es otro “talón de Aquiles” que tenemos que resolver más pronto que tarde.

En el siguiente post publicaré las recomendaciones que yo haría a estudiantes que quieren investigar y las profesionales en ejercicio (que fueron las últimas preguntas de la entrevista).

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¿Cómo veo el Estado de Bienestar y las Políticas Sociales en el contexto de hipercrisis en el que vivimos?

El 23 de mayo tuve la oportunidad de compartir algunas reflexiones con las colegas del Colegio de Trabajo Social de Navarra, que me invitaron a dar una conferencia sobre los “Retos y desafíos del trabajo social”, con motivo de la celebración del Día Mundial del Trabajo Social. Al finalizar el evento, desde el colegio me formularon una serie de preguntas para publicarla como entrevista en su boletín. Una de esas preguntas, me la han hecho muchas veces, y por ello me permito compartir la repuesta que escribí al colegio de Navarra con todas las personas que seguís mi blog. ¿Cómo ves el Estado de Bienestar y las Políticas Sociales en el contexto de hipercrisis en el que vivimos?

Nuestro estado del bienestar ha sido muy tardío, demasiado familista (y por ello machista) y siempre ha sufrido de raquitismo. Ya mucho antes de que sucediera esta estafa llamada crisis hubo expertos que lo calificaron como “estado del malestar” (Cotarelo). Lo que esta mal-llamada “crisis” ha venido a evidenciar es que, como ya advirtió hace décadas Ramesh Mishra, el modelo institucional de política social pendía de un hilo y sólo era capaz de crecer en circunstancias favorables. Favorables políticamente: cuando la existencia del telón de acero aconsejaba tener un modelo de derechos sociales a este lado del muro de Berlín en contraposición al modelo social del otro lado del muro. Favorables económicamente: cuando el crecimiento económico-financiero basado en la especulación y las burbujas de todo tipo permitía repartir algo del pastel, porque era más grande.

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Y también favorables ideológica y culturalmente, ya que la lucha contra la exigencia de derechos y su conquista fue la gran batalla ideológica que Reagan y Thatcher ganaron a escala mundial: el individualismo y el miedo a perder lo poco que se tiene ha modificado sustancialmente el posicionamiento de la gente frente a la pérdida de derechos (nos ha dejado en estado shock, que diría Naomi Klein); y frente a ello hay que rearmarse y actuar sabiendo que los derechos no se conquistan para siempre, sino que hay que reconquistarlos cada día y pelearlos cada día.

El estado de bienestar surgió en la Alemania de Bismark, no lo olvidemos, para evitar el avance del movimiento obrero y del socialismo. Pero una vez unificado a escala planetaria el sistema económico -que por primera vez tiene capacidad de acción como una unidad- lo que justificaba el estado de bienestar se diluye y los servicios sociales públicos son la segunda oleada de bienes públicos a privatizar, una vez ya vendidos al mejor postor los bienes públicos industriales. El papel que, si no lo remediamos pronto, tendrán de nuevo las políticas sociales (y especialmente la política de servicios sociales) será residual y absolutamente subsidiario, en el sentido que Richard Titmuss definió este modelo de política social.

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En el caso de las políticas de servicios sociales en particular, nuestro país siempre ha tenido grandes debilidades comparado con otros de nuestro entorno. Sin duda una de las más relevantes ha sido el no reconocimiento constitucional de los servicios sociales como derecho fundamental (y por tanto susceptible de ser exigido ante la justicia), quedando relegado a una simple competencia de creación y gestión de los gobiernos autónomos. Si a ello se añade que nunca ha existido un compromiso estatal serio y garantizado en materia de financiación de los servicios sociales públicos, que los ha dejado siempre dependiendo en la práctica del marco de financiación autonómico, no es de extrañar el panorama actual. Si, además, a ello añadimos la constante y sistemática privatización-externalización de buena parte de los servicios sociales de responsabilidad pública que han sido transferidos (sin el debido control técnico ni financiero), generalmente en precario, hacia el mal llamado tercer sector (un ONGismo a la española que en realidad encubre redes clientelares en no pocas ocasiones, en lugar de organizaciones civiles que luchen por los derechos de las personas), pues nos encontramos frente a la paradoja de que las entidades sociales que debieran luchar por los derechos de determinadas personas y colectivos, en realidad se dedican a prestarles ciertos servicios en precario: y en esa tesitura, lo que se abandona es la defensa y reivindicación de los derechos, en lugar de abandonar la subvención asociada a la prestación de servicios.

Por otra parte, ninguna política social ha abordado la crisis de los cuidados, y eso constituye, a mi juicio, uno de los errores y debilidades más relevantes de nuestro “estado de bienestar”. Merece la pena revisar las críticas que a este modelo de estado y su gestión en diversos países europeos se han formulado desde el pensamiento feminista, el pensamiento ecologista y el pensamiento antirracista. Las críticas que desde estos tres enfoques de pensamiento se hacen al modo en que se han implementado las políticas sociales son totalmente ciertas: 1) han perpetuado los roles tradicionalmente asignados a las mujeres en materia de cuidados y no ha permitido modificar la división sexual del trabajo ni repartir la tarea de cuidados; 2) no han servido para generar instituciones amables, humanas y que pongan en el centro a las personas; se han creado instituciones prestadoras de servicios que no permiten la participación ni la autogestión/autonomía de las personas que atienden, los servicios han terminado convirtiendo a los sujetos en objetos, donde la centralidad pivota en la institución y sus profesionales; 3) las políticas sociales, más allá de las declaraciones de buenas intenciones, han funcionado como el resto de las políticas frente a las minorías: discriminando y concentrando la violencia institucional hacia ciertos grupos de personas (generalmente a través de formas de violencia discreta, y en esas formas de violencia los expertos y profesionales hemos sido –y somos- los brazos ejecutores).

Tenemos aún varias “asignaturas pendientes” para que los servicios sociales no sean las “políticas para pobres”, pues ya sabemos que este tipo de políticas se terminan transformando en “pobres políticas”:

  • convertir el derecho a los servicios sociales en un derecho subjetivo (y por tanto justiciable);
  • ser capaces de diseñar servicios sociales basados en el conocimiento y la evidencia científica (que es el reto principal en este momento en España);
  • solventar errores de gestión cometidos en el pasado;
  • aumentar la financiación hasta acercarnos a la media europea, pero sobre todo gestionar mejor esos recursos; y
  • apostar de una vez por todas (con los recursos que merece) por el sistema de atención primaria, que no solo es más normalizador e integrador, sino más eficaz en las respuestas y, sobre todo, mucho más humano.
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    Compartiré el resto de la entrevista (centrada en el trabajo social) en un próximo post.

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¿DERECHOS HUMANOS O PARADIGMA SECURITARIO?

UN ANÁLISIS COMPARADO DE LAS PROPUESTAS ELECTORALES EN MIGRACIONES, ASILO Y REFUGIO.

Es un hecho la crisis de humanidad que cientos de miles de personas están sufriendo en las fronteras de Europa, provocada por la falta de respuesta y la hipocresía europea hacia las personas en fuga del horror y la guerra que buscan refugio, y a las que se les está deportando sin garantías ni el respeto más elemental al derecho internacional humanitario.

En Europa se nos llena la boca a la hora de hablar de Derechos Humanos, de democracia y de Estado de Derecho; pero cuando se trata de aplicarlo no consideramos a todas las personas como seres humanos: las que están hacinadas en las fronteras, las que mueren ahogadas, las que asesinan las fuerzas de seguridad de Marruecos, de España o de Turquía, las estamos tratando como mercancías. Basta leer el acuerdo infame de la vergüenza entre la UE y Turquía para comprobarlo: Pagar 6.000 millones de euros a un país que no respeta los Derechos Humanos (por eso se le ha impedido sistemáticamente entrar en la UE) para que haga de matón y frene la llegada de estas personas que solo buscan socorro. Como si pagar para que otro haga algo en nuestro lugar nos eximiera de la responsabilidad de lo se está haciendo.

Esta situación ha colocado en la agenda pública del último año algunos aspectos de las políticas migratorias en general, y de las políticas de asilo y refugio en particular.

Con motivo de las elecciones generales del próximo 26 de junio, me ha parecido necesario realizar un análisis comparativo entre las diferentes propuestas políticas que las cuatro candidaturas de ámbito estatal con posibilidades de formar gobierno, plantean en sus programas electorales.

Los criterios utilizados para efectuar la comparación han sido las 11 medidas que exigen las quince entidades firmantes de REFUGIO YA, que son:

logos ONG REFUGIO YA

A esas exigencias he añadido otras medidas propuestas por plataformas ciudadanas como Stop Mare Mortum y Cerremos los CIE (Tamquem els CIEs), además de otras largamente reivindicadas por los colectivos migrantes de nuestro país, en relación a los derechos de participación política o nacionalidad, por ejemplo. Así como algunas procedentes de los españoles en el exterior como la Marea Granate.

Por razones didácticas he sintetizado en 27 las medidas más relevantes y compartidas por las diversas plataformas y he revisado los programas electorales del PP, el PSOE, Ciudadanos y Unidos Podemos. De manera sintética, estos son los resultados principales de mi análisis, que comentaré muy brevemente:

27 medidas (con relleno)

Existen dos grandes enfoques claramente distintos en la concepción de las políticas migratorias y de asilo/refugio: por un lado encontramos las propuestas del PP y Ciudadanos que, aunque con ligeras diferencias, expresan claramente lo que podríamos denominar un gobierno y unas políticas basadas en el paradigma securitario, la cultura del miedo y la construcción de la alteridad como amenaza.

Por el otro lado, encontramos las propuestas del PSOE y de Unidos Podemos, que son propias de un enfoque basado en los Derechos Humanos y la prevalencia del derecho internacional. Las diferencias entre ambas propuestas, sin embargo, no son tan leves como las encontradas entre PP y Ciudadanos. Veamos muy brevemente:

Las medidas propuestas por Unidos Podemos (todas ellas, no solo las que se contemplan en el apartado de políticas migratorias y asilo, sino también en otros capítulos de su programa electoral como cooperación internacional, seguridad y paz o democracia internacional) son coherentes con el enfoque de Derechos Humanos y garantía de derechos en general. Por eso su programa cumple totalmente con las 27 exigencias ciudadanas en materia de migraciones, asilo y refugio.

El PSOE, sin embargo, a pesar de que en los preámbulos de sus propuestas sobre políticas migratorias tiene un enfoque de Derechos Humanos, en el listado de medidas concretas no cumple totalmente con las 27 exigencias ciudadanas. Algunas no las menciona siquiera, y otras sólo las cumple muy parcialmente (hecho que resulta coherente con otros apartados de su programa en materia de defensa o relaciones exteriores y cooperación, donde el enfoque que prevalece no es el de Derechos Humanos sino el de seguridad o competencia económica).

Conclusión: de acuerdo con estas propuestas, un posible pacto en materia de migraciones y asilo entre PSOE y Unidos Podemos puede ser relativamente sencillo y más fácil (por la mayor coherencia entre sus programas electorales) que otras alternativas de pacto como, por ejemplo, PSOE y Ciudadanos (cuyos programas chocan claramente en muchas de las 27 medidas analizadas). Un pacto entre PP y Ciudadanos tampoco tendría dificultades ya que las diferencias entre las medidas de políticas migratorias y de asilo que proponen estas formaciones son prácticamente inapreciables.

Espero que mi trabajo de estos días os resulte de interés y os ayude a comprobar qué propuesta política se ajusta más a vuestros valores y principios. Y, de paso, ya tienen un primer análisis estos cuatro partidos, para cuando tengan que sentarse a conversar y negociar a partir del 27J.

Feliz solsticio de verano a todas las personas que siguen mi blog!

No os olvidéis de quienes buscan refugio.

 

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COMPARTIR O MORIR

Esta afirmación tiene hoy 20 de junio, día mundial de las personas refugiadas, especial relevancia y significado. Especial sentido.

Porque compartir el sufrimiento del otro y responsabilizarnos frente al mismo es el único camino posible de resistencia frente a la dominación.

Para ello tenemos que comprender su situación en lugar de invisibilizarles y cosificarles.

Tenemos que rehumanizar a las personas que sufren y piden socorro en lugar de criminalizarles; porque si no lo hacemos, estaremos alimentando la cultura del miedo, el odio y el desprecio a nuestros semejantes.

Vivimos en una sociedad en que prevalece la cultura del miedo y de la inseguridad, que tan útil resulta a los poderosos. Por eso nuestro desafío fundamental es ayudar a establecer las bases para una “comunicación empática”, capaz de deconstruir las realidades que desencadenan esa sensación de inseguridad y de miedo.

Tenemos que responsabilizarnos y comprometernos, porque solo de ese modo podemos avanzar en la construcción de una “ciudadanía insurgente” que sea un contrapoder sustentado en otros valores y principios. Los valores de la solidaridad, la hospitalidad, la justicia y el reconocimiento, la humanidad en definitiva. Debemos repolitizar el sufrimiento.

Hoy hay convocadas movilizaciones en cientos de pueblos y ciudades de todo el mundo, para exigir a los gobiernos nacionales y a la Unión Europea “REFUGIO POR DERECHO”. Acudir y tomar parte en alguno de esos actos es un gesto de humanidad, porque la indiferencia nos convierte automáticamente en cómplices de la violencia y el despojo más absoluto contra quienes son nuestro semejantes pidiendo socorro.

Compartir su sufrimiento haciéndolo visible y exigiendo el cumplimiento del derecho internacional, es sólo una pequeña acción al alcance de todos para no ser tan inhumanos.

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