Por un trabajo social radicalmente dialógico

Es la empatía lo que permite compartir la fragilidad y vulnerabilidad que une a intervinientes e intervenidos, en un proceso de reconocimiento mutuo e implicación activa, que es el único camino cierto para generar confianza en el sujeto y para ser capaces, como profesionales, de reconocer sus capacidades y potencialidades, sus fortalezas y posibilidades de actuación.

Ningún cambio personal es posible, si no es decidido y asumido por el propio sujeto. En este sentido, el trabajador social es un “facilitador”, un experto que puede ayudar a clarificar, a poner en relación, a que “el otro” conozca y comprenda mejor su situación, a la vez que va descubriendo sus propias potencialidades y recursos personales. El trabajador social posee una visión, otra visión externa que puede ser de ayuda, pero que no es “la” visión real y aprehensiva de la realidad. Cada sujeto social, individual y colectivo, es portador de su propia visión, que debe ser tenida en cuenta si nos inscribimos en un paradigma de cambio y transformación. La participación de las personas es, por tanto, fundamental desde el momento mismo en que se inicia el proceso de relación y se toma contacto con el trabajador social. Porque sólo desde la relación dialógica se puede ayudar y ser ayudado. Sólo desde la relación dialógica se puede potenciar al otro, ayudándole a construir y a re-construir, a construir-se y a re-construirse.

Pero, ¿de qué hablo cuando digo ‘dialógico’?

La naturaleza relacional de la acción profesional y el servicio a las personas no es reducible a una prestación ni a un objeto reproducible mecánicamente, ya que no existe antes del intercambio, sino que se genera en el proceso mismo de intercambio. En este sentido, tiene siempre una alta intensidad relacional y el tipo de bienes que produce pertenecen al género de la acción comunicativa. Ya decía Saul Alinsky, hace casi un siglo, que un trabajador social ha de ser, ante todo, un buen comunicador; y es que la comunicación –como paradigma de los bienes relacionales-, permite comprender la acción profesional en el ámbito social: lo dicho y lo solicitado, la demanda y el mensaje. Como acertadamente señala Rosenberg (2007), “dependiendo de cómo se estructure, la interacción comunicativa puede promover empatía, reciprocidad y auto-reflexión, o puede producir indiferencia, desprecio o agresión. En suma, la estructura del intercambio comunicativo contribuye a la constitución de los individuos implicados, tanto como sujetos cognitivos como agentes motivados” (p. 357).

La propuesta que propongo a continuación, para avanzar hacia un trabajo social excelente, capaz de lograr los bienes internos de nuestra profesión, es un Trabajo Social radicalmente dialógico. 

Como ya señalé en otra publicación reciente, el diálogo es un proceso de interacción genuina en el cual las personas se escuchan y se reconocen recíprocamente. El compromiso de reciprocidad encarna el espíritu radical del diálogo: el ofrecimiento mutuo a la palabra, a la escucha atenta de la otra persona, es aquello que hace posible una transformación basada en el reconocimiento.

Esta apertura auténtica a la alteridad comporta una triple transformación: una transformación personal, una transformación relacional y una transformación social. Esta transformación es posible gracias a un doble proceso de empoderamiento y de reconocimiento de las otras personas.

La transformación de los conflictos y el cuidado de las relaciones, a través de este doble proceso, conduce a la recuperación de la percepción de la propia competencia, reconstruye la conexión con los otros y restablece una interacción positiva. Si no se cuidan las relaciones, los conflictos que se generan en los procesos de acción social (incluyendo los pretendidamente participativos), lejos de propiciar una gestión creativa de los mismos activan una espiral de desempoderamiento de la capacidad y de demonización de las otras personas.

En este contexto, el empoderamiento es el pasaje de un estado de debilidad, frustración, impotencia y clausura, a la capacidad de actuar y cumplir con elecciones de modo consciente y con confianza en la propia potencialidad.

El empoderamiento y el reconocimiento, por lo tanto, son los dos procesos fundamentales de transformación personal, relacional y social, y se retroalimentan recíprocamente: el empoderamiento personal aumenta la fuerza, la competencia y la apertura de la persona; el reconocimiento humaniza, reconstruye la relación. Esto significa que, desde una perspectiva dialógica,el recurso fundamental para la transformación personal, relacional y social se encuentra en la cualidad humana de las personas participantes, en su fuerza, en su dignidad y en su capacidad.

Cuando se toma conciencia de los límites de la acción comunicativa tradicional (en la que todos nos hemos socializado personal, social y profesionalmente), a menudo se invoca el diálogo como solución, pero no como estrategia o como enfoque práctico, sistemático y coherente, sino simplemente como un principio abstracto o como una actitud.

Caemos a menudo en el error de considerar el diálogo como una conversación gentil, educada y tolerante que evita el conflicto. Se cree que para dialogar no son necesarias competencias específicas, sino solo la intención y la voluntad de dialogar y cierto conocimiento del tema de conversación. La experiencia nos enseña que, al contrario, si bien el diálogo responde a las necesidades humanas más esenciales (y es también por esto por lo que es eficaz), no es un estilo comunicativo que usamos espontáneamente. Hemos sido educados y socializados en ambientes antidialógicos y estamos constantemente inmersos en situaciones que alimentan la competición, la actitud acrítica, el repliegue narcisista y tenemos la necesidad de redescubrir y reaprender el diálogo. Dialogar no es fácil, no nos resulta espontáneo e implica un esfuerzo constante, el desarrollo de nuevas competencias, el descubrimiento y revalorización de prácticas y experiencias; pero cuando se arriesga realmente ser fiel al diálogo, los resultados son extraordinarios, porque el diálogo es esencialmente un proceso de construcción y transformación de las relaciones.

El Enfoque Dialógico Transformativo (EDT) es un conjunto de principios e instrumentos metodológicos que da un sostén y una estructura a la capacidad y a la potencialidad humana de transformación a través del diálogo. Resumiendo: el EDT se preocupa de crear estructuras y desarrollar competencias que facilitan el diálogo, la creatividad y la inteligencia colectiva.

En los últimos años, a través de una intensa labor de investigación-acción participativa, hemos identificado cinco elementos que estructuran este espacio mayéutico: la confianza, la igualdad, la diversidad, el interés común y la corresponsabilidad. Estos cinco elementos son indispensables para el desarrollo de un diálogo auténtico y pueden concretarse en diferentes formas y en diferentes momentos del proceso: cuidando la logística de una actividad comunitaria, promoviendo la comunicación no violenta, a través de dinámicas participativas o mediante la configuración del espacio de una reunión o una entrevista.

Captura de pantalla 2019-05-04 a las 15.10.32El EDT no asume que existan valores, presupuestos implícitos, creencias comunes, es decir un sentido común compartido entre las personas participantes. Sino que se preocupa de explicitar los intereses, las necesidades, los valores y los significados que están detrás de las posiciones de cada participante, evitando que las posiciones se radicalicen sobre la base de “malentendidos mal entendidos”.

Llevar a cabo un proceso de acción social utilizando el EDT implica cambiar la visión que se suele tener de los procesos de toma de decisión colectivos. Las personas suelen llegar a una mesa de trabajo con una visión “de suma cero” del conflicto, basado en la idea que “si tú ganas yo pierdo”, que si existen posiciones opuestas también los intereses son opuestos. El éxito del método depende de la capacidad de superar esta visión binaria abriendo un espacio de curiosidad y disponibilidad para que sean posibles otras fórmulas de participación.

Es en este punto donde se evidencian más las aportaciones del EDT a los procesos de acción y toma de decisiones colectivas en contextos complejos. Su punto de partida es que las personas que participan en la mesa de trabajo se centren en entender y ser entendidas y no en convencer y desmontar los argumentos de los demás. Este proceso dialógico se basa en la comprensión de los marcos de referencia que están detrás de las posiciones. Un marco de referencia es el conjunto de valores, intereses, conocimientos que intervienen en nuestra forma de interpretar la realidad desde una determinada perspectiva cultural. Los marcos de referencia de personas de un mismo horizonte cultural suelen ser compartidos y, consecuentemente, no se suelen poner en discusión y suelen quedar implícitos hasta que no se violan. Pensemos por ejemplo en nuestro estilo comunicativo: cuando hablamos con personas que comparten nuestro mismo horizonte cultural respetamos tácitamente un amplio abanico de reglas de comunicación: la distancia que mantenemos con nuestro interlocutor o interlocutora, la forma de gestionar el tiempo de conversación, las interrupciones, los contactos oculares, el contacto corporal, la entonación, el estilo comunicativo, etc. Todas estas reglas se encuadran en nuestro marco de referencia, pero cuando nos comunicamos con personas que no comparten nuestros marcos interpretativos nacen malentendidos comunicativos, que a menudo interpretamos de forma estereotipada.

El EDT se preocupa por crear las condiciones para que las personas tomen conciencia de los propios marcos de referencia y comprendan los marcos de referencia de las otras personas a través de la explicitación de los intereses, los valores y las claves interpretativas del problema en cuestión. La idea es que nuestra forma de interpretar y definir un problema determina la forma de resolverlo. En este sentido se pueden generar soluciones creativas sólo cuando se reencuadra un problema.

El trabajo social debe contribuir a la construcción de una sociedad realmente inclusiva y no excluyente, por lo que no debería desarrollar una intervención profesional meramente “prestacional”, “burocratizada” o “estética”, que siempre será funcional al sistema de dominación y desigualdad en que vivimos. Es necesario desarrollar un trabajo social crítico-transformador.

Este tipo de trabajo social crítico-transformador sólo puede desarrollarse desde la participación activa, igualitaria y empoderante de todas las personas y actores implicados en los procesos de intervención social; de forma tal que se modifique la lógica de las relaciones entre las personas para que no se reproduzcan las formas tradicionales de participación-comunicación que terminan reforzando y legitimando la dinámica tradicional de dominación de unos grupos o personas  sobre otros/as.

El culturalismo etnocéntrico y la categorización impuesta de muchos de los/las profesionales que llevan a cabo prácticas profesionales con este enfoque tradicional (independientemente de los discursos o retórica que las acompañen), sin duda es un factor que contribuye –generalmente de forma inconsciente e irreflexiva- al desarrollo de este tipo de prácticas totalmente funcionales al sistema de dominación.

El Enfoque Dialógico Transformativo (EDT) es uno de los aspectos operativos (no el único) que permite superar las limitaciones conceptuales y metodológicas del trabajo social tradicional, que ha abordado las diferencias sin cuestionar la fuerte asimetría de poder entre usuarios y profesionales y entre grupos de población y que no ha planteado estrategias para luchar contra esas desigualdades.

El objetivo del Trabajo Social Dialógico (TSD) es contribuir y favorecer la transformación de la sociedad a través de la creación de estructuras dialógicas que promueven el diálogo y la trascendencia noviolenta de los conflictos. Las herramientas operativas de intervención del TSD han mostrado ser eficaces para: crear estructuras empoderantes que permiten pasar del debate al diálogo; crear estructuras dialógicas y participativas que no niegan ni huyen del conflicto sino que lo gestionan creativamente en el marco de estructuras mayéuticas apropiadas; cuidar y cambiar la lógica de las relaciones que necesariamente han de estar basadas en el reconocimiento; etc. En definitiva, para crear estructuras y desarrollar competencias que facilitan el diálogo, la creatividad y la inteligencia colectiva.

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Acerca de mjaguilarid

Trabajadora social, animadora sociocultural y doctora en sociología y ciencias políticas; soy desde hace más de veinte años Catedrática de Trabajo Social y Servicios Sociales de la Universidad de Castilla-La Mancha. He trabajado como consultora, formadora e investigadora en más de veinte países americanos y europeos, en el ámbito de la intervención con grupos, el desarrollo comunitario en contextos multiculturales, y la planificación, gestión y evaluación de programas y servicios sociales. He sido responsable de la organización técnica de departamentos de servicios sociales en administraciones públicas de varios países en procesos de descentralización. Autora de más de un centenar de aportaciones científicas de impacto, he diseñado y dirijo el Máster on-line en Inmigración e Interculturalidad, y soy Directora del Grupo Interdisciplinar de Estudios sobre Migraciones, Interculturalidad y Ciudadanía de la UCLM (GIEMIC). En este grupo, lidero las líneas de investigación-acción sobre metodologías participativas de intervención social, análisis crítico de modelos implícitos en la práctica profesional, y desarrollo de competencias interculturales en el trabajo social. Creadora y responsable del Laboratorio de Sociología Visual, he realizado también varias películas documentales. Actualmente estoy desarrollando, desde una perspectiva empática de los actores sociales, nuevos enfoques interdisciplinares para el conocimiento de las migraciones y la intervención social emancipatoria en contextos de diversidad cultural, y estoy creando aplicaciones metodológicas y técnicas innovadoras. Una de mis mayores preocupaciones desde hace décadas es difundir el conocimiento científico sobre todas estas cuestiones de forma que sea accesible a todo tipo de personas, como forma de contribuir a la generación de discursos sociales basados en la evidencia y no en el prejuicio; y como forma de contribuir al desarrollo de procesos de empoderamiento y defensa activa de las minorías y colectivos sociales en situación de sub-alteridad. En este aspecto, mi trabajo científico siempre se realiza desde un enfoque derechos y en perspectiva de género. Desde hace varios años soy evaluadora externa en ciencias sociales de las dos agencias españolas responsables de la investigación científica competitiva y de la docencia y acreditación universitaria.
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6 respuestas a Por un trabajo social radicalmente dialógico

  1. Javier de Miguel dijo:

    Excelente reflexión. Me quedo especialmente con la idea del encuentro dialógico como reconocimiento mutuo ¡ cuanto queda para pasar de la idea al hacer ! Me ha encantado definición de marco de referencia: “valores, intereses, conocimientos que intervienen en nuestra forma de interpretar la realidad desde una determinada perspectiva cultural”…. casi nada, pero algo fundamental. Bravo

  2. José María Núñez dijo:

    Muchísimas gracias por esta importante y muy útil aportación, María José. Creo que a muchos nos va a hacer reflexionar sobre nuestro trabajo diario. Por cierto: tras leerte me doy cuenta de los muchos cambios (profesionales y personales) y habilidades que aún me faltan por adquirir y aprender, en concreto, en este caso, para utilizar y aprovechar este enfoque que propones. Cómo me podría formar más profundamente en ello? Te agradecería respuesta. Por cierto, con tu permiso, lo comparto en mi perfil de Linkedin. Muchísimas gracias, otra vez.

  3. Víctor M. González dijo:

    Qué interesa esta entrada, María José. Curiosamente, en 2005 iba a comenzar un doctorado y mtesis se basaba en el diálogo como elementos vertebrador de la transformación social en contextos de extrema exclusión social… Y digo iba porque al final me dediqué a otros menesteres. Me cantaría poder conversar contigo sobre este tema. Saludos

  4. Reblogueó esto en emilioteayuda.comy comentado:
    El trabajo social debe contribuir a la construcción de una sociedad realmente inclusiva y no excluyente, por lo que no debería desarrollar una intervención profesional meramente “prestacional”, “burocratizada” o “estética”, que siempre será funcional al sistema de dominación y desigualdad en que vivimos. Es necesario desarrollar un trabajo social crítico-transformador.

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