3 RESPUESTAS SOBRE EL TRABAJO SOCIAL

Mi visión hoy sobre los estudios, la profesión y lo comunitario.

Comparto aquí una segunda parte de la entrevista sobre Trabajo Social que me hicieron las colegas del Colegio de Trabajo Social de Navarra el pasado mes de junio.

  1. ¿Cuál es tu visión acerca de la evolución experimentada por los estudios de Trabajo Social en los últimos años?

Haciendo un balance de mayor alcance histórico, creo que la incorporación de los estudios al ámbito universitario hace casi tres décadas, supuso un avance en normalización administrativa y académica que abrió posibilidades de legitimación profesional y disciplinar. Posibilidades que fueron mejor aprovechadas en el ámbito profesional que en el disciplinar, al menos durante las dos primeras décadas. Los avances en el ámbito disciplinar han ido apareciendo más tardíamente, seguramente lastrados por dinámicas de poder en el seno de las universidades y por el importante déficit de estudios de posgrado y doctorado, propios y específicos de trabajo social en nuestro país, que aún hoy existe en la mayor parte de las universidades. Este déficit de formación para la investigación de excelencia no se ha resuelto aún, ni se resolverá creando cada facultad “su” postgrado: es preciso articular unas ofertas sólidas y de calidad que sólo mediante las sinergias adecuadas entre distintas universidades puedan asegurar la masa crítica suficiente y de calidad para hacer avances significativos en el conocimiento. Y me temo que en el país de “cada maestrillo tiene su librillo” o del “yo me lo guiso, yo me lo como”, donde hay demasiado afán de protagonismo por parte de los centros y poca generosidad institucional, el camino será más lento y dificultoso de lo deseable.

Pero volviendo a la pregunta: si consideramos la evolución más reciente de los últimos años, a partir de la implantación del sistema de “Bolonia”, me parece a mí que el aumento de un año de estudios para alcanzar el grado en trabajo social ha supuesto la consecución automática de una aspiración (la licenciatura) que no se había logrado antes, pero tengo serias dudas de que esa ampliación en un año más de estudios haya sido bien aprovechada para mejorar la formación de manera significativa. Soy bastante crítica con respecto a algunos “viejos vicios” que el “nuevo sistema” ha perpetuado o no ha contribuido a resolver adecuadamente. Así, por ejemplo, creo que hay una excesiva fragmentación en mini-asignaturas que no ayuda a generar más ni mejores saberes, ni contribuye al desarrollo de un pensamiento crítico, tan necesario en nuestro ámbito. A veces tengo la sensación de que se ha producido una cierta “banalización” de la formación universitaria en general, y en las ciencias sociales en particular.

  1. ¿Cómo ves el Trabajo Social en la actualidad?

Lo veo con luces y sombras. Luces porque tenemos ante nosotras retos y desafíos que pueden permitirnos dar un salto cualitativo importante como profesión y como disciplina, siempre que sepamos identificarlos y elaborar las respuestas adecuadas a dichos desafíos (como son la globalización, la crisis del patriarcalismo, el ascenso de la conciencia ecológica, los nuevos movimientos sociales, las redes de resistencia transformadora, el reconocimiento y la apuesta por los bienes comunes, la acción comunitaria participativa, etc.). Pero también sombras, porque el trabajo social (como todas las ciencias sociales y disciplinas profesionales de ayuda) tenemos nuestros “propios muertos en el armario” y hemos contribuido no pocas veces a la vigilancia y el control de los cuerpos y las mentes de los excluidos y de “los nadies” (que diría Galeano). En no pocas ocasiones hemos desarrollado funciones para vigilar y castigar (Foucault), en lugar de escuchar para emancipar y comprender para transformar. Es en esa tensión entre el control y la emancipación, entre la dominación (sutil o manifiesta) y la acción crítico-transformadora, donde se juega hoy la arena del trabajo social, en el mundo y en nuestro país. Estamos en una verdadera encrucijada vital como trabajadoras sociales: esto es emocionante porque nos permite la posibilidad de hacer contribuciones relevantes al desarrollo humano y la justicia social; pero también es amenazante porque podemos no estar a la altura de lo que las personas necesitamos, y terminar siendo responsables de un retroceso sin precedentes (que es lo que hoy representaría, a mi juicio, el mantenimiento del statu quo).

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  1. ¿Qué aportaciones al Trabajo Social puede hacer desde lo comunitario hoy?

El trabajo social tiene, en primer lugar, que volver a creerse la acción comunitaria. Tristemente, este tipo de intervención profesional, que es la más eficaz a medio y largo plazo, apenas si tuvo desarrollo en nuestro país y cuando se crearon los servicios sociales municipales apenas se le dio importancia (más allá de algunos ayuntamientos concretos). Las labores de dinamización comunitaria, trabajo con colectivos sociales, el desarrollo de procesos participativos de base comunitaria, etc. fueron campos y ámbitos abandonados por la profesión en un momento histórico en que seguramente nos dedicamos a ganar otros espacios. Y claro, aparecieron otras figuras profesionales que entraron a desarrollar esas labores de acción comunitaria que ahora nos vemos obligadas a “redescubrir” y a “reimplementar”. Creo que no somos conscientes de los aportes tan relevantes que nuestra profesión ha hecho al campo comunitario a escala planetaria y lo largo de la historia. Esos aportes del trabajo social son hoy la fuente que nutre a todo tipo de profesionales cuando hacen actuaciones con y desde la comunidad: desde médicos y enfermeras de atención primaria, maestras y educadores, monitores de ocio y tiempo libre, animadores socioculturales, agentes de desarrollo local, psicólogos sociales, etc. No tenemos que inventarnos nada nuevo, es suficiente con conocer y saber utilizar bien los saberes propios de nuestra profesión. Y es preciso darles a esos saberes la importancia que merecen en la formación profesional (que la veo muy débil en ese aspecto en nuestro país). Por eso creo que hay potenciar más y mejor la acción comunitaria en la formación profesional, en las reuniones y congresos profesionales, en actividades de formación y reciclaje, en intercambios, etc. Me apena mucho comprobar cómo, en bastantes lugares, a veces saben hacer mejor un diagnóstico comunitario o diseñar un proyecto participativo otros profesionales, en lugar de los trabajadores sociales. Por eso insisto en la importancia de la formación, la práctica profesional y del reconocimiento a este tipo de intervenciones. Por otra parte, en el trabajo individualizado (familiar o “de caso”, según los gustos) muy raramente se ha utilizado el enfoque comunitario (como sí ha ocurrido en otros países europeos), y ese es otro “talón de Aquiles” que tenemos que resolver más pronto que tarde.

En el siguiente post publicaré las recomendaciones que yo haría a estudiantes que quieren investigar y las profesionales en ejercicio (que fueron las últimas preguntas de la entrevista).

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Acerca de mjaguilarid

Trabajadora social, animadora sociocultural y doctora en sociología y ciencias políticas; soy desde hace más de veinte años Catedrática de Trabajo Social y Servicios Sociales de la Universidad de Castilla-La Mancha. He trabajado como consultora, formadora e investigadora en más de veinte países americanos y europeos, en el ámbito de la intervención con grupos, el desarrollo comunitario en contextos multiculturales, y la planificación, gestión y evaluación de programas y servicios sociales. He sido responsable de la organización técnica de departamentos de servicios sociales en administraciones públicas de varios países en procesos de descentralización. Autora de más de un centenar de aportaciones científicas de impacto, he diseñado y dirijo el Máster on-line en Inmigración e Interculturalidad, y soy Directora del Grupo Interdisciplinar de Estudios sobre Migraciones, Interculturalidad y Ciudadanía de la UCLM (GIEMIC). En este grupo, lidero las líneas de investigación-acción sobre metodologías participativas de intervención social, análisis crítico de modelos implícitos en la práctica profesional, y desarrollo de competencias interculturales en el trabajo social. Creadora y responsable del Laboratorio de Sociología Visual, he realizado también varias películas documentales. Actualmente estoy desarrollando, desde una perspectiva empática de los actores sociales, nuevos enfoques interdisciplinares para el conocimiento de las migraciones y la intervención social emancipatoria en contextos de diversidad cultural, y estoy creando aplicaciones metodológicas y técnicas innovadoras. Una de mis mayores preocupaciones desde hace décadas es difundir el conocimiento científico sobre todas estas cuestiones de forma que sea accesible a todo tipo de personas, como forma de contribuir a la generación de discursos sociales basados en la evidencia y no en el prejuicio; y como forma de contribuir al desarrollo de procesos de empoderamiento y defensa activa de las minorías y colectivos sociales en situación de sub-alteridad. En este aspecto, mi trabajo científico siempre se realiza desde un enfoque derechos y en perspectiva de género. Desde hace varios años soy evaluadora externa en ciencias sociales de las dos agencias españolas responsables de la investigación científica competitiva y de la docencia y acreditación universitaria.
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