DISCRIMINACIÓN MÚLTIPLE (3)

DISCRIMINACIÓN POR MOTIVOS ÉTNICOS O RACIALES

El término discriminación por motivos étnicos o raciales hace referencia a dar un trato de inferioridad, diferente y desfavorable, a unas personas con respecto a otras, por motivos raciales o de origen étnico. Es lo que comúnmente se conoce como “racismo” o “discriminación racial o étnica”. Los conceptos y las definiciones de raza y de grupo étnico han sido históricamente modificados y revisados en profundidad, desde hace más de medio siglo. El concepto biologista de raza ha caído en desuso en el campo de las ciencias sociales y han sido duramente criticadas las perspectivas esencialistas y primordialistas de la etnia (Barth, 1960; Amselle y M’Bokolo, 1985). La palabra raza no identifica ninguna realidad biológica reconocible en el ADN, sin embargo si bien las razas, como concepto biológico, no existan, sí que existen como concepto social y cultural. Esto significa que aunque el concepto de raza no tenga ningún valor científico, tiene una importante performatividad social. Se han desarrollado nuevas formas de racismo (Balibar, 1991) que sustituyen la raza con la etnia, la cultura o la identidad. Estos conceptos se “racializan”, esto es, tienen las mismas características rígidas, naturales y esenciales del concepto de raza. El nuevo racismo hace hincapié en las diferencias culturales considerándolas como absolutas, inconmensurables, antagonistas.

En este contexto la discriminación debe ser incluida entre las “formas elementales del racismo” (Wieviorka, 1992 y 2009), junto con la segregación, con la que a menudo se combina y retroalimenta, y por lo que suele ser difícil de distinguir una de la otra. Banton (1967) y Taguieff (1988) distinguieron tres dimensiones del racismo: el racismo como prejuicio (las actitudes negativas, las creencias, las orientaciones previas a la acción); el racismo como prácticas (discriminaciones, segregación, violencias, persecución, despojo, etc.); y el racismo como ideología (teorías, doctrinas, visiones del mundo). A estas tres dimensiones considero preciso añadir una cuarta: la dimensión estructural, ya que el racismo constituye un principio organizador del sistema de dominación en el que vivimos a escala planetaria. Aunque estas dimensiones estén estrechamente relacionadas, la discriminación no se basa obligatoriamente en prejuicios racistas y/o en una clara ideología racista. Por otra parte los prejuicios pueden no concretizarse en acciones porque las circunstancias o la presión social sancionan su expresión. Se pueden dar casos de discriminación que no se basan en actitudes negativas hacia un determinado colectivo sino en el hecho de no haber tomado en consideración sus particularidades (como en el caso de algunas formas de discriminación indirecta).

Mi definición de racismo

La discriminación racial o étnica, es una de las manifestaciones más relevantes del “nuevo racismo” y se inscribe en el terreno de las conductas, de las prácticas que contribuyen a la jerarquización, explotación y segregación de determinados individuos y grupos en función de elementos raciales, étnicos, nacionales, religiosos o culturales haciendo, en algunos casos, una amalgama de algunos o todos estos factores (Cachón, 2003). La discriminación es una forma de conducta o comportamiento que tiene efectos perjudiciales en las personas que la sufren, razón por la cuál es objeto de tratamiento jurídico y ha sido considerada como un delito en la mayor parte de la legislación internacional.

Esta legislación internacional no parece haber incorporado todavía, en la medida que hubiera sido deseable, los análisis y propuestas conceptuales más recientes en materia de racismo y discriminación. Ahora bien, cualquiera sea el contenido de estos términos, la discriminación por motivos raciales o étnicos va en contra de uno de los principios fundamentales de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que indica que todas las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos (Art. 1).

En la definición de racismo y xenofobia de la Decisión marco del Consejo de la UE relativa a la lucha contra determinadas formas y manifestaciones de racismo y xenofobia mediante el Derecho penal se incluye la violencia y el odio dirigidos a determinados grupos mediante la referencia a la “raza, el color, la religión, la ascendencia o al origen nacional o étnico”. La Comisión contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI) del Consejo de Europa ha adoptado asimismo un amplio enfoque respecto a la definición de “discriminación racial”, en la que se incluyen las características de “raza, color, lengua, religión, nacionalidad y origen nacional o étnico”. Del mismo modo, en el artículo 1 de la Convención Internacional de las Naciones Unidas sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial, de 1996 (de la que todos los Estados miembros de la de UE y el Consejo de Europa son parte) se define la discriminación racial con la inclusión de las características de “raza, color, linaje u origen nacional o étnico” (666 UNTS 195). El Comité para la Eliminación de la Discriminación racial, responsable de interpretar y de vigilar el cumplimiento del tratado, ha declarado asimismo que, salvo que exista justificación para lo contrario, la determinación de si una persona es miembro o no de un grupo racial o étnico, “se basará en la autoidentificación del individuo en cuestión”, evitando así que el Estado excluya de la protección a grupos étnicos a los que no reconozca.

Aunque en el derecho comunitario no se alude expresamente a la lengua, el color o la ascendencia como características protegidas, tal omisión no significa que éstas no puedan protegerse como parte de la raza o del origen étnico, en la medida en que la lengua, el color y la ascendencia se encuentran vinculadas intrínsecamente a la raza o a la etnia. Parecería asimismo que, en la medida en que los factores que conforman la nacionalidad también a atañen a la raza y a la etnia, la primera características podría englobarse, bajo las circunstancias apropiadas, en el marco de las segundas.

La religión se encuentra expresamente protegida como característica específica en la Directiva de igualdad en el empleo. Sin embargo, puede que una presunta víctima de discriminación religiosa tenga interés en asociar la religión con la característica de la raza porque, según dicta actualmente el derecho comunitario, el alcance de la protección contra la discriminación por motivos de raza es más amplio que el de la protección que se ofrece en los casos de discriminación religiosa. Esto es así porque la Directiva sobre la igualdad racial atañe no sólo al área del empleo, sino también al acceso a los bienes y servicios, mientras que la Directiva de igualdad en el empleo sólo concierne al ámbito del empleo.

Para explicar los conceptos de raza y etnia, el TEDH ha dictaminado que la lengua, la religión, la nacionalidad y la cultura pueden ser factores indisociables de la raza. En el asunto Timishev, el TEDH ofreció la siguiente explicación: “La etnia y la raza son conceptos relacionados que se solapan. Mientras que el concepto de raza parte de la idea de la clasificación biológica de los seres humanos en subespecies con arreglo a rasgos morfológicos como el color de la piel o las características faciales, la etnia tiene su origen en la idea de los grupos sociales marcados por la nacionalidad, la afiliación tribal, la fe religiosa, a lengua compartida o los orígenes y antecedentes culturales y tradiciones comunes”. El TEDH ha actuado con sumo rigor en lo que se refiere a la discriminación por motivos de raza u origen étnico, y afirma que “en la sociedad democrática contemporánea, asentada sobre los principios del pluralismo y del respeto a las distintas culturas, no es posible justificar objetivamente ninguna diferencia de trato que se base exclusivamente o en grado decisivo en el origen étnico de una persona”.

EL RACISMO ES ILEGAL

Considerando el hecho de que un número reducido de denuncias y/o infracciones racistas no significa que este tipo de delitos sean infrecuentes, la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI) del Consejo de Europa, emitió su recomendación nº 11 de política general, sobre la lucha contra el racismo y la discriminación por la policía. Esta recomendación, en su párrafo 11 insta a asegurar que la policía investiga todas las infracciones racistas, en sí mismas, y también todas aquellas infracciones que tengan una motivación racista, y en su párrafo 13 llama a alentar a las víctimas y a los testigos de incidentes racistas a denunciar los mismos. Para asegurar que la investigación sea exhaustiva y no pasa por alto la motivación racista en infracciones ordinarias, la ECRI recomienda adoptar una definición amplia de incidente racista, entendiendo para los propósitos de su recomendación, que “un incidente racista es cualquier incidente, que es percibido como racista por la víctima o cualquier otra persona”. De esta manera, sería posible que un testigo o la policía consideren que el móvil de un incidente es racista aunque la víctima no esté de acuerdo. Esta definición no pretende prejuzgar si existió un móvil racista en el perpetrador sino asegurar que todas las posibles motivaciones basadas en el origen racial, etnia, nacionalidad, lengua o religión de la víctima sean evaluadas e investigadas. La ECRI, en sus recomendaciones, diferencia entre incidente e infracción racista. Un incidente racista no es necesariamente una infracción racista, ya que no necesariamente tiene reconocimiento legal como delito o falta. Por lo tanto, todas las infracciones racistas pueden ser calificadas como incidentes racistas, pero no necesariamente a la inversa.

Como se refirió anteriormente, la UE, en su Decisión Marco 2008/913/JAI del Consejo, de 28 de noviembre de 2008 relativa a la lucha contra determinadas formas y manifestaciones de racismo y xenofobia mediante el Derecho penal, afirma que “el racismo y la xenofobia constituyen una amenaza contra los grupos de personas que son objeto de dicho comportamiento” y que “es necesario definir un enfoque penal del racismo y la xenofobia… con sanciones efectivas, proporcionadas y disuasorias contra las personas físicas y jurídicas que cometan tales delitos o que sean responsables de los mismos”, exige a cada Estado miembro que adopte las medidas necesarias para garantizar que se castiguen, entre otras, las siguientes conductas intencionadas: a) la incitación pública a la violencia o al odio dirigidos contra un grupo de personas o un miembro de tal grupo, definido en relación con la raza, el color, al religión, la ascendencia o el origen nacional o étnico; b) la comisión de uno de los actos a que se refiere la letra a) mediante la difusión o reparto de escritos, imágenes u otros materiales.

Conviene traer a colación aquí la definición de “crimen o delito de odio”, consensuada en la OSCE, como cualquier infracción penal motivada por prejuicios o animadversión a la víctima a causa de su conexión, pertenencia o relación con un grupo social vulnerable de intolerancia. Estos delitos son motivados por fobias que dañan a personas, a sus propiedades y al grupo con el que se identifican, generando diversos ámbitos de victimización social, ya que el daño que produce un delito de odio no solo afecta directamente a la víctima, sino también a su familia, sus amigos, su colectivo de pertenencia, su realidad asociada como a entidades que los apoyan y a toda la sociedad democrática que ve degradada su convivencia generando graves riesgos futuros para la paz.

STOP DISCRIMINATION

La gestión de la diversidad cultural representa uno de los mayores retos de nuestras sociedades, dado que la inmigración y la diversidad cultural no son fenómenos coyunturales sino estructurales que necesitan respuestas globales encaminadas a la integración efectiva y al desarrollo de una ciudadanía inclusiva, basada en el diálogo, la igualdad de trato y el reconocimiento de las diferencias (Aguilar y Buraschi, 2012). Todas las personas e instituciones tenemos la obligación de tratar a los demás de modo igualitario independientemente de las circunstancias personales y sociales de cada uno. Pero esta obligación incumbe especialmente a los poderes públicos, pues la administración no solamente ha de ser imparcial, sino que ha de remover los obstáculos que impiden la promoción de los individuos y compensar mediante las medidas de apoyo que sean necesarias las desventajas que tienen determinadas personas y grupos de población.

Este es el tercer post de la serie dedicada a analizar en perspectiva de derechos algunas de las discriminaciones múltiples que sufren las personas migrantes.

Referencias bibliográficas

AGUILAR, Mª J. (2011). El racismo institucional en las políticas e intervenciones sociales dirigidas a inmigrantes y algunas propuestas prácticas para evitarlo. En: Documentación Social, Revista de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada, nº 162, pp. 139-166.
AGUILAR, Mª J. y BURASCHI, D. (2012). El desafío de la convivencia intercultural. En: REMHU, Revista Interdisciplinar da Mobilidade Humana, año XX, nº 38, jan/jun., pp.27-44.
AMSELLE, J.L. et M’ BOKOLO, E. (1985). Au coeur de l’ethnie: tribalisme et état en Afrique. Paris: La Découverte.
BALIBAR, E. (1991). ¿Existe el neoracismo? En: BALIBAR, E. y WALLERSTEIN, I. Raza, nación y Clase. Barcelona: Anthropos.
BANTON, M. (1967). Race Relations. Cambridge: Cambridge University Press.
BARTH, F. (1960). The system of social stratification in Swart, North Pakistan. En: LEACH, E. R. (Ed.), Aspects of caste in South India, Ceylon and North-West Pakistan. Cambridge: Cambridge University Press.
CACHÓN, L. (2003). La discriminación en el trabajo de las personas inmigradas y lucha contra la discriminación. En: GARGANTÉ, S., PAJARES, M., CACHÓN, L. y EGENBERGER, V. La discriminación racial. Propuestas para una legislación antidiscriminatoria en España. Barcelona: Icaria.
TAGUIEFF, P. (1988). La force du préjugé. Essai sue le racisme et ses doubles, Paris: La Découverte.
WIEVIORKA, M. (1992). El espacio del racismo. Barcelona: Paidós.
WIEVIORKA, M. (2009). El racismo: una introducción. Barcelona: Gedisa.
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Acerca de mjaguilarid

Trabajadora social, animadora sociocultural y doctora en sociología y ciencias políticas; soy desde hace más de veinte años Catedrática de Trabajo Social y Servicios Sociales de la Universidad de Castilla-La Mancha. He trabajado como consultora, formadora e investigadora en más de veinte países americanos y europeos, en el ámbito de la intervención con grupos, el desarrollo comunitario en contextos multiculturales, y la planificación, gestión y evaluación de programas y servicios sociales. He sido responsable de la organización técnica de departamentos de servicios sociales en administraciones públicas de varios países en procesos de descentralización. Autora de más de un centenar de aportaciones científicas de impacto, he diseñado y dirijo el Máster on-line en Inmigración e Interculturalidad, y soy Directora del Grupo Interdisciplinar de Estudios sobre Migraciones, Interculturalidad y Ciudadanía de la UCLM (GIEMIC). En este grupo, lidero las líneas de investigación-acción sobre metodologías participativas de intervención social, análisis crítico de modelos implícitos en la práctica profesional, y desarrollo de competencias interculturales en el trabajo social. Creadora y responsable del Laboratorio de Sociología Visual, he realizado también varias películas documentales. Actualmente estoy desarrollando, desde una perspectiva empática de los actores sociales, nuevos enfoques interdisciplinares para el conocimiento de las migraciones y la intervención social emancipatoria en contextos de diversidad cultural, y estoy creando aplicaciones metodológicas y técnicas innovadoras. Una de mis mayores preocupaciones desde hace décadas es difundir el conocimiento científico sobre todas estas cuestiones de forma que sea accesible a todo tipo de personas, como forma de contribuir a la generación de discursos sociales basados en la evidencia y no en el prejuicio; y como forma de contribuir al desarrollo de procesos de empoderamiento y defensa activa de las minorías y colectivos sociales en situación de sub-alteridad. En este aspecto, mi trabajo científico siempre se realiza desde un enfoque derechos y en perspectiva de género. Desde hace varios años soy evaluadora externa en ciencias sociales de las dos agencias españolas responsables de la investigación científica competitiva y de la docencia y acreditación universitaria.
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