¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO DECIMOS “RURAL”?

El objeto referente de la noción inmediata de “rural” quizás existió hasta el siglo XVIII, pero actualmente no existe como tal. Persiste la noción y arrastra casi todas las connotaciones originarias así como sus cargas emocionales, pero, en sentido estricto, algunos autores llegan a plantear que se trata de una noción de tipo ideológico (Vera y Rivera, 1999). Lo que está claro, en todo caso, es que el término rural es muy complejo de definir y se usa para identificar una supuesta realidad, más o menos homogénea, que hoy no es tan fácilmente identificable como lo pudo ser antaño.

Habitualmente definido como un espacio territorial de determinadas características, preexistente, como un marco dado para la vida social, la situación actual es justo la inversa: el espacio rural es un resultado de esa vida social. Desde su concepción como soporte, tierra o espacio físico, se pasa a contemplarlo como un conjunto de relaciones y, más concretamente, como resultado de un proceso social peculiar: la producción del espacio. Es decir, el territorio ya no es el marco de la vida social, sino el resultado de esa vida social.

El territorio se presenta así como un espacio unificado por las relaciones sociales y de producción dominantes, que son las propias de las sociedades de mercado, industriales avanzadas, post-industriales o informacionales, según el paradigma o autor que se escoja. Las diferentes áreas de un espacio no se distinguen entonces por su diversidad física o poblacional, sino por su especialización funcional dentro de un territorio global o sociedad. Y hay que entenderlas como partes de un todo relacional en el que se producen diversos procesos ecológicos como son los de sucesión (desplazamientos y movimientos de población, por ejemplo) y los de dominación: hay pues una “jerarquía” del asentamiento humano donde, en virtud de procesos de concentración (en este caso de concentración de poder, entre otros) la dominancia se ejerce desde el pináculo urbano, denso y metropolitano. Los análisis de González Tamarit y Carrión mostraron, usando datos ya desde los años 50’, “que la especialización funcional y la jerarquía urbana, tomando como herramienta algo tan ideológicamente inocuo como los índices de locación, seguía una tendencia a un creciente ajuste a lo que, simplificadamente, pudiera denominarse un modelo piramidal perfecto” (Vera y Rivera, 1999).

Esta desvinculación de la estricta materialidad física desamortiza el concepto de espacio rural, del que sólo cabe dar cuenta estableciendo sus articulaciones específicas en la vida social.

La producción agraria no agota la definición de lo rural, pero lo especifica operativamente como fuente de recursos en forma de materias primas (lo agrícola), mano de obra y capitales (tierra y recursos financieros). Y estos recursos que “lo rural” vierte como outputs a la sociedad global, sólo adquieren sentido para ésta por la mediación del mercado: lo que no tiene precio no existe (no es). Así, nos encontramos con la paradoja siguiente: “los bienes que “lo rural” no vende, no se ven; y los servicios que se ven, mayoritariamente, son los recursos humanos que se ven porque han dejado de ser rurales (emigración), porque no son agrícolas, o porque son agrícolas pero a sueldo (no muchos) o jefes de explotación (los más). Así, aunque lo rural sea más amplio que lo agrario, lo agrario es mucho más de lo que se ve.

En la literatura más reciente se adoptan definiciones operacionales de lo rural en función del tamaño del asentamiento, medido en personas o familias, de su dedicación agraria, su población activa registrada en el sector agrario y agroindustrial, la densidad de población o incluso en función de factores perceptivos y semióticos. Una de las más definiciones más citadas en nuestro país es la del profesor García Sanz (2004) que define lo rural como: “un agrupamiento poblacional más bien pequeño, que tiene una cultura tipificada como tradicional y una ocupación dedicada a actividades agrícola-ganaderas y/o pesqueras”. No vamos a adentrarnos en el examen de las diferentes definiciones porque ello nos apartaría excesivamente de las pretensiones que este marco de referencia tiene como encuadre de nuestro estudio, pero sí nos parece oportuno advertir que, aunque nos hemos visto obligados a utilizar como variables descriptivas de lo rural el tamaño de la población por criterios prácticos (es el criterio empleado por el INE, cuyos datos hemos utilizado desagregados según sus propios intervalos de corte poblacional), entendemos, como así creemos que quedará de manifiesto a lo largo del análisis, que lo rural es un tipo de hábitat que debe comprenderse como tal (como sistema de inter-retro-acciones entre una población determinada y su entorno, y las funciones que desempeña en el marco del sistema social global de que forma parte, con sus mecanismos de adaptación y especialización correspondientes).

No tengo ninguna duda acerca del hecho de que uno de los rasgos estructurales que caracterizan, entre otros, los ejes de la nueva sociedad emergente, es la transformación del tiempo y el espacio, que son las dos coordenadas básicas que organizan la vida social y la vida cotidiana. Se está produciendo un intento de aniquilación del “tiempo temporal”, que se ha hecho diferente del tiempo biológico y cronológico. Las personas pueden sentirse y comportarse de forma muy diferente aunque tengan el mismo tiempo cronológico… El espacio se achica y se diluye, transformándose del espacio de los lugares al espacio de los flujos. El concepto de comunidad territorial debe ser revisado como nuestro objeto de estudios e intervención, pues asistimos a un incremento creciente de las comunidades virtuales (espacio de los flujos), a la vez que se van perdiendo los vínculos sociales relacionados con la vivencia del espacio de los lugares (el barrio, la aldea, el pueblo y también la ciudad). Las relaciones sociales pueden ser más intensas con personas distantes geográficamente que con personas cercanas a las que podemos no conocer nada. Esto nos debe hacer reflexionar en profundidad ya que el trabajo de desarrollo rural se centra (o debería centrarse), precisamente, en los espacios y tiempos de la comunicación humana.

10_IMAGEN_zonas-ruralesGarcía Sanz (2004) La mujer rural ante el reto de la desagrarización de la sociedad rural, Madrid, MTAS-Instituto de la Mujer.

Vera y Rivera (1999) Contribución invisible de las mujeres a la economía. El caso específico del mundo rural, Madrid, MTAS-Instituto de la Mujer.

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Acerca de mjaguilarid

Trabajadora social, animadora sociocultural y doctora en sociología y ciencias políticas; soy desde hace más de veinte años Catedrática de Trabajo Social y Servicios Sociales de la Universidad de Castilla-La Mancha. He trabajado como consultora, formadora e investigadora en más de veinte países americanos y europeos, en el ámbito de la intervención con grupos, el desarrollo comunitario en contextos multiculturales, y la planificación, gestión y evaluación de programas y servicios sociales. He sido responsable de la organización técnica de departamentos de servicios sociales en administraciones públicas de varios países en procesos de descentralización. Autora de más de un centenar de aportaciones científicas de impacto, he diseñado y dirijo el Máster on-line en Inmigración e Interculturalidad, y soy Directora del Grupo Interdisciplinar de Estudios sobre Migraciones, Interculturalidad y Ciudadanía de la UCLM (GIEMIC). En este grupo, lidero las líneas de investigación-acción sobre metodologías participativas de intervención social, análisis crítico de modelos implícitos en la práctica profesional, y desarrollo de competencias interculturales en el trabajo social. Creadora y responsable del Laboratorio de Sociología Visual, he realizado también varias películas documentales. Actualmente estoy desarrollando, desde una perspectiva empática de los actores sociales, nuevos enfoques interdisciplinares para el conocimiento de las migraciones y la intervención social emancipatoria en contextos de diversidad cultural, y estoy creando aplicaciones metodológicas y técnicas innovadoras. Una de mis mayores preocupaciones desde hace décadas es difundir el conocimiento científico sobre todas estas cuestiones de forma que sea accesible a todo tipo de personas, como forma de contribuir a la generación de discursos sociales basados en la evidencia y no en el prejuicio; y como forma de contribuir al desarrollo de procesos de empoderamiento y defensa activa de las minorías y colectivos sociales en situación de sub-alteridad. En este aspecto, mi trabajo científico siempre se realiza desde un enfoque derechos y en perspectiva de género. Desde hace varios años soy evaluadora externa en ciencias sociales de las dos agencias españolas responsables de la investigación científica competitiva y de la docencia y acreditación universitaria.
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3 respuestas a ¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO DECIMOS “RURAL”?

  1. mjaguilarid dijo:

    Desde el grupo de Sociología 2.0 en Linkedin, Luis Irache me envía el siguiente comentario cuya publicación aquí autoriza:
    Cuando se oye la palabra rural, en general se percibe ciudadanos de pueblos, que no tienen muchas cosas de capitales, auditorios, teatros etc. pero si disponen de todos los elementos para disfrutar de buenos servicios y en cuanto a cultura, sino es en el mismo pueblo se desplazan y están al mismo nivel que en las ciudades. Del medio rural han salido tantas personas excelentes como de las capitales. Capital o Rural nos da igual

  2. César Uribe dijo:

    María José, felicito tu análisis, pone en cuestión los conceptos clásicos de territorialidad. No obstante, siendo los espacios físicos, todavía, aquellos en donde vivimos, éstos aún definen el ámbito y con ello características culturales que le dan uan parte de su esencia a la diversidad. En lo educativo, que es de lo que me ocupo. Lo rural define una serie de relaciones y también son estas relaciones las que definen en simultáneo, al ámbito, vale decir a lo rural, a lo rural como un espacio que se distingue de lo urbano. No entro en detalles de número poblacional o de extensiones, pero si de formas, estilos de vida y ocupaciones. Decimos en educación que no hay dos tipos de educación: una rural y otra urbana, sino que hay una educación que se desarrolla de formas distintas, por dar respuesta al contexto y a las necesidades e interés de los usuarios educativos. Y por otro lado, la educación ámbitos rurales, da lugar a propósitos educativos socio económicos y productivos para que sus contenidos y competencias sean una respuesta pertinente. Me gustó mucho leer tu análisis

    • mjaguilarid dijo:

      Hola Cesar.
      muchas gracias por tu valoración del post. Estoy de acuerdo contigo en las matizaciones y precisiones que indicas.
      En un próximo post quiero analizar brevemente lo que se ha hecho en el campo de la sociología rural en perspectiva de género (análisis crítico que no deja muy bien parada a esta especialidad, al menos hasta hace muy poco tiempo).
      Un abrazo, nos leemos mutuamente!

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