Crueldad institucional frente a la pobreza

El pasado sábado fue el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, y en España sigue habiendo 12 millones de personas en riego de pobreza y exclusión. El 25% de la población, 1 de cada 4 personas. De ellos, un 28%, más de 2,1 millones, son niños y niñas. Son datos del INE de 2019 que no reflejan el impacto de la pandemia. Ese porcentaje de niños y niñas en situación de pobreza y exclusión ha subido a un 35% en 2020 y el riesgo en las familias monoparentales encabezadas por una mujer subirá hasta el 48%.

Podcast (3 min.)

Justo ahora, en que es más necesario que nunca reconfigurar las rentas autonómicas para apoyar a las familias con hijos a las que no llega el Ingreso Mínimo Vital, el gobierno regional de García-Page, en un cruel gesto que demuestra no sólo que no tiene corazón, sino que tampoco tiene alma, acaba de dictar una Resolución que elimina el Ingreso Mínimo de Solidaridad a todas las personas que lo han solicitado durante el año 2020. Unas solicitudes que el propio gobierno decidió no tramitar ni resolver a la espera del IMV estatal, y que ahora archiva. 

El gobierno regional se suma así a otras autonomías gobernadas por el PP, que -como Ayuso en Madrid- han aprovechado la entrada en vigor del IMV para suprimir de un plumazo las rentas mínimas autonómicas, en lugar de utilizar esos fondos para complementar el Ingreso estatal y cubrir las situaciones que éste no contempla, que no son pocas. La renta mínima regional en CLM era la más baja de España. Ahora, además de muy baja, será de imposible obtención, por muy en la miseria que alguien se encuentre.

En Albacete ha habido 6.695 solicitudes del IMV, de las cuales solo se han aprobado 50, se han denegado 262 y se están tramitando 483, de las otras 6mil nada informa el ministro de seguridad social, que es de Albacete, por cierto. En Castilla-La Mancha, ha habido 36.934 solicitudes del IMV, se han aprobado 427, se han denegado 2.344 y se están tramitando 1.191. De las 30mil restantes nada sabemos…

Otros gobiernos (como Cantabria) acordaron con el Estado en junio el intercambio de datos para evitar el engorroso trámite de solicitud del IMV a las personas perceptoras de rentas mínimas. Otros gobiernos (como Canarias) modificaron sus leyes autonómicas de rentas mínimas para ajustarlas a la nueva situación, de manera que complementaran al IMV estatal, cubriendo situaciones que éste no contempla.

Por eso, hoy más que nunca, deberíamos apoyar con nuestra firma la iniciativa ciudadana europea por una renta básica incondicional. Nos va la vida en ello. Nos va la vida de más de 12 millones de personas.

Datos oficiales por provincias sobre estado de las solicitudes del IMV (14 de octubre de 2020)

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Un pacto que no merece tal nombre

Del nuevo Pacto sobre Migración y Asilo de la Unión Europea, se puede criticar casi todo, empezando por el nombre. Porque realmente no es un pacto sobre migración y asilo, es un pacto centrado obsesivamente sobre el control de fronteras. 

Podcast (2 min.)

En materia migratoria, tanto la Comisión europea como gran la mayoría de los estados miembros no tienen interés en una política común de inmigración y asilo, sino en externalizar en terceros países la contención de los desplazados y en abrir procesos de retorno inmediato sin garantizar que las solicitudes de asilo se estudien de manera individual y con las debidas garantías jurídicas. Esas son algunas de las señas de identidad del pacto. 

La creación de centros de retención en las fronteras europeas, como ya existen en Estados Unidos y como, de hecho, ocurre en los campos de refugiados de Grecia o en el CETI de Melilla, es realmente preocupante.

Nombrar las cosas de manera diferente para que lo injusto e inhumano parezca aceptable y legítimo, es básicamente lo hace establece el pacto: así, por ejemplo, cuando habla de nuevo mecanismo de solidaridad lo que en realidad quiere decirse es que los estados miembros no estarán obligados a ser solidarios ni serán sancionados si incumplen el pacto. 

Se dice que hay que abandonar el Reglamento de Dublín porque ha fracasado, pero ese fracaso sólo se explica por el incumplimiento sistemático del mismo y por mucho que el pacto le cambie el nombre, no parece que la situación vaya a cambiar.

Solo se presta atención en ese pacto a las entradas irregulares, desatendiendo el paquete de medidas más importante en cualquier política migratoria, que son las entradas regulares y seguras.

Todos los errores se intentan resolver renombrando conceptos que no han funcionado, sin buscar alternativas que, de verdad, sean eficientes y eficaces. Lo que sí parece claro, es que este pacto creará nuevos espacios de vulneración de derechos, en lugar de protegerlos y reforzarlos.

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¿Residencias o ‘morideros’?

Nuestros mayores han sido la población más afectada por la COVID-19 y también la más abandonada. Especialmente quienes se alojaban y vivían en residencias, donde han muerto más de 33 mil personas desde el inicio de la pandemia.

Podcast (2 min.)

En los grandes centros residenciales se optó por el aislamiento en detrimento de la salud y los cuidados paliativos. Sin tener en cuenta las necesidades físicas, cognitivas y emocionales de las personas aisladas. 

Una deshumanización de los confinamientos de los residentes sin implantación de medidas que preservasen la convivencia, la calidad de los cuidados, las rutinas básicas de movilidad y de sociabilidad.En definitiva, sin dignidad

Las residencias sin contagios y con menor número de muertes han sido pequeñas, las que se anticiparon y las que han estado fuera de las manos de las grandes empresas y fondos privados de inversión.

Lo que ocurrió en las grandes residencias es que no se garantizaba la atención hospitalaria pero tampoco una alternativa, ni el consentimiento informado del paciente sobre las prácticas que debían realizársele, ni el respeto a su autonomía y dignidad, ni sus últimas voluntades, ni la despedida de sus familias. Muchos murieron en soledad, deshidratados, en agonía y sin cuidados paliativos.

Las residencias de mayores no están concebidas en España como centros sociosanitarios. Quienes viven en ellas se mantienen integradas en el Sistema Nacional de Salud de la misma forma que cualquier otra persona que resida en su propio domicilio. Las residencias son hogares, donde el propósito es la convivencia y la seguridad de los cuidados básicos, no la cura de las enfermedades o la asistencia médica de urgencia. 

La situación vivida en las residencias de mayores nunca debería repetirse. Las 33mil vidas perdidas deberían provocar un cambio profundo. El peligro de que las personas mayores que viven en residencias vuelvan a resultar afectadas no ha remitido. En esta segunda ola, no hay excusa para no estar preparados. 

Deben tomarse medidas que giren alrededor de la atención a la persona mayor, con una mejor articulación de los servicios sociales y sanitarios a través de la atención primaria y los servicios de emergenciaincluyendo unos cuidados dignos allí́ donde sea necesario.

Debemos asegurar que las personas mayores y sus necesidades de cuidados y salud se pongan en el centro del modelo. Lo grave hoy, es que quienes tienen la competencia exclusiva para hacerlo, que son los gobiernos autonómicos, no estén haciendo sus deberes.

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(Des)atención a la dependencia

Sólo en lo que llevamos de año, ya han muerto en España 35.000 personas dependientes que estaban en lista de espera, con el derecho reconocido, pero sin recibir prestación. Eso sin contar las muertes de las personas dependientes que hicieron la solicitud, y que han muerto esperando que se valorase su situación.

Desatención a la dependencia (2 min.)

Casi 400mil personas permanecen a la espera de un procedimiento que no llega (estando bastante más de la mitad con el derecho reconocido).

Y todos los indicadores con los datos del propio Ministerio, siguen siendo negativos. No se mantiene ni siquiera la tasa de reposición de beneficiarios (que ahora son varios miles menos que a principios de año):

Hay 15mil personas menos en atención residencial, 4.200 menos en atención domiciliaria y casi 5mil menos en centros de día. Eso ha supuesto la destrucción de 10mil puestos de trabajo en el sector de los cuidados de larga duración solo en lo que va de año.

Y es que llevamos acumulado desde 2012 un brutal recorte de casi 6mil millones en el llamado sistema de atención a la dependencia. 

Del mismo modo que nadie entendería que en plena crisis sanitaria se recortase en sanidad y se despidiera a los médicos, es incomprensible e inexplicable que, en plena crisis social, se mantengan los recortes en dependencia y no se haya incrementado ni un solo euro para atender al casi medio millón de personas que están en lista de espera. Tampoco se explica que no se ocupen las 15mil camas que han quedado libres por las muertes en las residencias.

Ante estos recortes encubiertos y el abandono persistente del sistema por parte de los poderes públicos competentes (que son las Comunidades Autónomas y gobierno central), sería mucho más ajustado a la realidad hablar de sistema de DESATENCIÓN a la dependencia.

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Infiernos

El infierno existe y lo hemos creado en Europa. Y en España. Por la acción ignominiosa de gobiernos y ciudadanía. Unos por acción y otros por omisión. ¿Cuántos infiernos vamos a seguir tolerando?

Infiernos (2 min.)

El infierno es un lugar donde se prefiere la muerte antes que permanecer en él. Un lugar en el que se niega a las personas la condición de seres humanos, tratándoles peor que a esclavos. Un lugar donde el sufrimiento es extremo y permanente, y del que no puedes salir. Pero a diferencia del infierno imaginado que nos han contado las religiones, donde sólo van los condenados por sus actos crueles en vida, en el infierno real hay miles de personas, condenadas sólo por pensar, por creer, que Europa era un lugar seguro. 

El infierno existe y lo hemos creado en la Unión Europea. Un lugar en el que obligamos a estar encerradas, sin libertad de ningún tipo, sin asistencia ni protección a miles de personas. Un lugar donde los niños y niñas quieren suicidarse porque huyeron solos o con sus familias de la muerte, la guerra y el terror y, cuando llegaron a Europa, encontraron un infierno mucho peor que el que creyeron dejar atrás.

El infierno de Europa no ha sido consecuencia de una catástrofe natural, o de un acontecimiento imprevisto. El infierno de Europa lo ha construido la propia Unión Europea, que ha destruido sus propios valores y su propio sistema común de asilo. Uno de estos infiernos de Europa se llama Moria y está en la isla griega de Lesbos.

Estos infiernos de Europa los han creado también los gobiernos de cada país, y especialmente el nuestro, que sigue impidiendo y negándose a cumplir con los compromisos y obligaciones de protección internacional. No hay diferencias en esto entre el anterior ministro del interior y el actual. Lamentablemente.

Los infiernos que hemos creado en España, por la acción de nuestros gobiernos y por omisión de denuncia ciudadana, son los CIEs (Centros de Internamiento de Extranjeros), son los niños y niñas nacidas en Melilla que estando empadronados el gobierno se niega a escolarizar, son las personas migrantes trabajadoras que el gobierno se niega a regularizar.

¿Cuántos infiernos más vamos a seguir tolerando?

Foto: Europa Press

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Incendios

En verano viene siendo habitual tener noticias de incendios, debido al calor y la imprudencia de veraneantes. Sin embargo, en 2020, los incendios han sido muy diferentes.

Incendios (1 min.)

Y es que este verano ha habido menos incendios forestales, pero se han producido numerosos incendios en zonas densamente pobladas. Incendios provocados intencionalmente, de forma sistemática y recurrente, en asentamientos de trabajadores agrícolas de origen extranjero, primero en Huelva y Lleida, y el último (hace pocos días) en Albacete.

Observando el eco que uno y otro tipo de incendios han tenido en nuestras élites políticas y mediáticas, y las reacciones sociales que ambos tipos de incendios han producido entre todos nosotros, deberíamos enfrentarnos a varias preguntas: ¿por qué somos indiferentes ante la violencia extrema contra las personas cuyo trabajo es indispensable para mantener nuestra calidad de vida? ¿por qué no nos importa su seguridad? ¿por qué los consideramos menos dignos de protección, es decir, menos humanos?

En nuestra sociedad albaceteña, como en el resto de España, ante hechos delictivos y de violencia extrema como han sido estos incendios, no es suficiente con declararnos o considerarnos personas no-racistas. Es imprescindible posicionarse desde lo cotidiano como antirracistas. Mantenernos en la indiferencia no nos hace neutrales, nos hace banalizar el mal.

Nuestra indiferencia e inacción, muchas veces basada en la excusa de una impotencia adquirida, y en una hipocresía que nos hace conmovernos frente al horror distante, y ser totalmente indiferentes frente al horror más cercano; es precisamente el caldo de cultivo ideal para que crezca el odio y para que el odio se normalice y termine viéndose como algo natural e inevitable.

Ojo, porque el odio es el único sentimiento humano que jamás desaparece. 

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Temporeros

Todos lunes de esta temporada seré colaboradora habitual de Radio Albacete Cadena Ser. Tendré un espacio breve de opinión como firma invitada.

El pasado lunes 31 de agosto hice mi primer podcast que ahora comparto con vosotras. Trataré siempre temas vinculados a la actualidad, desde mi personal punto de vista, social y critico. Espero que os gusten e interesen este tipo de reflexiones, en formato de audio, pensadas para una audiencia más general que la del blog:

Temporeros (1 min.)

Para quienes prefieran leer la columna, os copio el texto a continuación:

Desde hace 20 años, que se dice pronto, la recolección de las cosechas en Albacete sólo es posible gracias a los temporeros extranjeros que van desplazándose de un lugar a otro conforme al ritmo de las campañas agrícolas. Vamos, que si no es por ellos, africanos en su mayoría, el ajo, la cebolla, la patata, la uva o la aceituna no podrían recolectarse. 

Trabajos duros y mal pagados porque se no se abonan a los trabajadores los salarios establecidos. Contratados por empresas intermediarias que funcionan como sanguijuelas quedándose con buena parte del dinero que por ley correspondería al trabajador. A esto se añade el drama de quienes se ven obligados a trabajar con papeles de otro, porque el gobierno español, a diferencia del italiano o el portugués, se niega a regularizar a estos trabajadores imprescindibles y esenciales. 

La semiesclavitud persiste y se mantiene por obra y gracia de nuestros gobernantes, bloqueando el acceso a derechos básicos como la atención sanitaria de nuestros temporeros al negarles la condición de trabajadores y residentes temporales. Aunque sólo fuera por un interés puramente egoísta de preservar la salud pública y aumentar la recaudación fiscal, la respuesta institucional debería haber sido inteligente. 

Todo lo contrario de las decisiones que se han venido tomado siempre, tarde y mal, demostrando una incompetencia e irresponsabilidad reiteradas por quienes, se supone, deberían velar por la vida, la seguridad y la dignidad de todas las personas del territorio que administran y gestionan.

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Tejiendo redes para construir comunidad. 14 lecciones de una pandemia

Sabido es que la historia produce el presente. Así pues, las decisiones que ahora tomamos son las que darán forma al futuro. 

En este contexto de pandemia mundial y confinamiento sobrevenido, deberíamos tener mucho cuidado con el presente que construimos. Porque, como advirtió hace dos décadas el colectivo artístico Mujeres Creando, éste debe parecerse al futuro que soñamos.

Esta pandemia nos ha dejado muchas lecciones. Aprender de ellas, sin embargo, no está garantizado. Por ello, me permito escribir aquí un esbozo esquemático de 14 lecciones. Inmediatas y urgentes. De las que tendríamos mucho que aprender. Quienes trabajamos en lo social. O estamos preocupadas y comprometidas con lo social. Que es como decir todo el mundo. Aunque en diferentes (en)cargos.

TRES LECCIONES CIENTÍFICAS DEL CORONAVIRUS

1. La salud del planeta es también nuestra salud.

2. El coronavirus es lo que pasa cuando ignoras la ciencia.

3. La prevención es igual o más importante que la terapia o el tratamiento.

TRES LECCIONES DE LA SOCIOLOGÍA DE LAS CATÁSTROFES

4. Lo excepcional va a convertirse en parte de nuestra normalidad. Porque vivimos en una crisis ecosocial que nosotros mismos hemos generado. La crisis ecosocial es efecto del sistema que los humanos construímos. Un sistema de creciente proliferación de desastres ambientales y shocks socioeconómicos.

5. En las catástrofes suelen construirse “paraísos en el infierno”. Episodios de fuerte protagonismo de la sociedad civil, que muestra alta capacidad de resiliencia, creatividad, empatía y reinvención de la solidaridad y la ayuda mutua. Fugaces utopías sociales que, de ordinario, no se suelen consolidar procesos de cambio social. Los poderes económicos y financieros, en cambio, sí son siempre capaces de diseñar estrategias para aprovecharse de las catástrofes. Para profundizar sus dinámicas de mercantilización, privatización, desplazamientos forzosos, socialización de pérdidas y erosión de derechos ciudadanos.

6. Los desastres se vuelven pedagógicos cuando muestran potencialidades de la gestión humanista de lo inesperado. Evidenciando que el instinto de supervivencia es mucho más cooperativo de lo que intuíamos. Y cuando las respuestas ciudadanas ejemplares llegan a sedimentar experiencias inspiradoras en el futuro.

OCHO LECCIONES DE ESTA PANDEMIA para nuestra Inquietação Social

7. Somos vulnerables. Individual y colectivamente. Porque somos seres interdependientes. Nos necesitamos muchísimo unas a otras.

8. Vivíamos en una ficción social. Nuestros privilegios son mucho más difíciles de ver que nuestras opresiones. Y el confinamiento ha servido para darnos cuenta de algunos de esos privilegios (casa, teletrabajo, comida, etc.), que muchísimas no tienen. Debemos aprender a mirarnos con los ojos de las vulnerabilizadas, de las víctimas. No con los ojos del triunfador. Esa mezcla de prepotencia, desmesura, soberbia y orgullo que desprecia e ignora lo que nos limita. Para las profesiones sociales, esto implica tomar conciencia de nuestros privilegios no ganados y evitar nuestras prácticas de dominación. Tan frecuentes y normalizadas. Como injustas.

9. Sólo lo colectivo nos salvará. Lo común. El cuidado mutuo. No el sálvese el que pueda individual. Esto exige cuidar y cuidarnos. Asumir nuestra fragilidad/vulnerabilidad/precariedad como seres humanos y nuestra total interdependencia como seres vivos. Esa pandemia ha demostrado que, para sobrevivir, dependemos totalmente de la generosidad de los demás. La prioridad de lo esencial, frente a la insignificancia de lo accesorio. 

10. Lo que significa la vida buena. Hemos descubierto con la pandemia que la economía se enferma cuando sólo compramos lo que necesitamos. Cuando priorizamos lo esencial y necesario frente a lo innecesario. Por ello, si la vieja “normalidad” es el problema, la “nueva” normalidad no puede ser una “nueva” precariedad. La ‘vida buena’ es la vida vivible. La vida digna.  Significa poder vivir de manera autónoma, solidaria y gozosa. Que implica regirnos por la ética del cuidado, que va mucho más de la satisfacción de necesidades materiales. Porque nadie es solo un individuo. Porque las cosas importantes no son cosas. Son vínculos. Emociones. Relaciones. Aprender de la lentitud de la vida compartida. Porque podemos teletrabajar, pero no podemos telecuidar.

11. Una “democracia cuidadora” es el único antídoto eficaz frente al neoliberalismo. Una democracia capaz de identificar las necesidades de TODAS las personas. Y de repartir responsabilidades. El cuidado es tarea que nos compete a todas las personas. Sin excepción. Ni excusas históricas o individuales.

12. Para cuidar a un individuo se necesita una comunidad. No se puede curar sin cuidar. Es preciso desplegar redes de cuidado. Entendido como proximidad. Para que sea imposible la soledad no deseada. Y que ello no signifique imposición o falta de respeto a los deseos y necesidades ajenas. La comunidad es el ecosistema donde es posible ese despliegue de redes de cuidado. Redes de solidaridad primaria. Que también son responsabilidad de la solidaridad organizada. Del común y de lo público. La comunidad es un sujeto. Colectivo. No un objeto de intervención profesional. ¿Somos parte de ese ecosistema?

13. Solidaridad o derrota. Necesitamos aprender de la comunidad. La respuesta al desafío solo puede llegar de la solidaridad y la cooperación, dice Harari. Por eso es imprescindible incentivar la cooperación. A través de una nueva agregación solidaria, aconseja Edgar Morin. Habremos aprendido algo si sabemos redescubrir y cultivar los auténticos valores de la vida: el amor, la amistad, la fraternidad, la solidaridad. Valores que conocemos desde siempre. Y que siempre terminamos por olvidar. Es la hora de la solidaridad. Es la hora de sustituir el manipulable concepto de “libertad individual” por el de “autonomía relacional”. Como eje vertebrador de la vida social. La reclusión y el confinamiento nos ha aislado temporalmente. Pero también nos ha permitido crear redes nuevas, impensables hasta hace poco. Redes que desafían fronteras y podrían permitir que nos organizáramos mejor. Deberíamos, como dice Pisarello, aprovechar la tregua para tomar conciencia del reto. Asumir que los cambios que hemos experimentado en nuestras vidas podrían ser motor de transformaciones más amplias.

14. Convertir la esperanza en categoría política. Cuando el miedo parece ser la única experiencia compartida, sólo puede salvarnos la esperanza de que lo común (posible sólo a través de vínculos comunitarios) sea también una experiencia compartida. Decía un poeta que el miedo es el mayor gigante del alma. El miedo sólo engendra odio. Y el odio es el único sentimiento que jamás desaparece. Puede desaparecer el amor, pero nunca el odio. Por eso, sólo el cuidado, como experiencia social compartida, puede alejarnos de la derrota. Sólo tejiendo redes, aumentando el capital relacional y comunitario, podremos hacer frente al desafío. Precisamos convertir la esperanza en categoría política. 

La ausencia de certezas no nos libera de la responsabilidad de cuidar el mundo que compartimos.

Para aquellos que tienen miedo y no se atreven a nada, todo es audaz y peligroso. Es el miedo lo que esteriliza nuestros abrazos y cancela nuestros afectos; que prohíbe nuestros besos y siempre nos pone a este lado de la pared. Este miedo que se arraiga en el corazón del hombre le impide ver el mundo que se abre más allá del muro, como si lo nuevo fuera siempre una trampa, y lo desconocido siempre tuviera una trampa que amenazara nuestra ilusión de seguridad y certeza.(…) Hay un momento en que es necesario abandonar las ropas usadas, que ya tienen la forma del cuerpo, y olvidar nuestros caminos que siempre nos llevan a los mismos lugares. Es el momento de la travesía … y si no nos atrevemos a hacerlo, habremos estado siempre al margen de nosotros mismos. Fernando Teixeira de Andrade

Si te interesa este tema, puedes ver mi conferencia, de la que este post son unos breves apuntes. Agradezco los oportunos comentarios de Rosalinda, Lourdes y Tamara, que aparecen en el tramo final del vídeo.

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Coronavirus: Acelerador del Trabajo Social Digital

Vivimos en una sociedad digital determinada por el paradigma tecnológico informacional en la que se han modificado, en muy poco tiempo y como consecuencia de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC), los modos de aprendizaje, las relaciones interprofesionales y las interacciones profesional-usuario en todos los ámbitos de las relaciones humanas. 

El coronavirus, contrariamente a lo que muchos creen, no ha creado el Trabajo Social Digital, simplemente lo ha acelerado. El Trabajo Social Digital (TSD) ya estaba desplegado. El coronavirus ha servido para extender y/o intensificar alguno de sus ámbitos, y también para abrir otros nuevos.

En las últimas décadas, las TIC han penetrado en todas las esferas de la realidad social, dando lugar a una nueva era (la era de la información) y a nueva estructura (y morfología) social que puede denominarse con total propiedad como ‘sociedad red’. El uso generalizado de las tecnologías de la comunicación digital en la Web 2.0 (redes sociales, wikis, blogs y numerosas apps) han hecho posible la aparición de nuevas formas de socialización profesional y de gestión de las relaciones en la atención a las personas. El trabajo social no ha sido ajeno a ello, y un buen ejemplo de ello fueron las prácticas pioneras de Nacho Santas, de hace más de una década, que nos mostraron cómo el uso de estas tecnologías, permite una mejor gestión del tiempo en servicios sociales y una mejor atención comunitaria y grupal a los usuarios de servicios y a la ciudadanía en general. En su blog hay publicaciones muy útiles, prácticas y recomendables al respecto.

En esta ‘galaxia Internet’, desde el Trabajo Social Digital hemos desarrollado diversas herramientas para potenciar la interacción social y el aprendizaje colaborativo, tanto a nivel personal como profesional. Una de las más longevas en nuestro país son los blogs profesionales: aunque inicialmente los blogs fueron considerados bitácoras o diarios de vida, en el campo del Trabajo Social, la blogosfera profesional española es un sub-espacio de comunicación que se genera en la red y construye una nueva ‘textualidad’, multimodal y multidiversa, propia de una nueva generación de nativos digitales.

La interconectividad, las comunidades virtuales y la inteligencia colectiva son algunos de los principios básicos de esta cibercultura profesional, que corresponde a esta etapa de mundialización muy concreta en la que coexisten niveles locales y globales.

El Trabajo Social Digital fue caracterizado de manera muy exhaustiva por diversos investigadores (Coleman, en su tesis doctoral de 2011, hizo un trabajo muy minucioso al respecto, basado en una sistemática observación del trabajo social desarrollado en los Contact Centers británicos) llegándose a plantear como posible campo de especialización profesional. La definición que a mí me parece más adecuada, porque se ajusta mejor a la actual diversidad del Trabajo Social Digital, es la que formularon Antonio López Peláez y Héctor Díaz, en 2015:

El e-Social Work es un ámbito especializado del trabajo social cuyo objetivo es analizar, valorar e intervenir en el entorno on-line, mediante el desarrollo de estrategias para llegar a los usuarios, valorar sus necesidades y diseñar dinámicas apropiadas potenciándolas para intervenir en un contexto on-line. El fin último es proporcionar asistencia a una población que se define como nativa digital, tanto en entornos on-line como off-line (…). El e-Social Work puede ser definido como el uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en el campo del trabajo social y los servicios sociales. El e-Social Work incluye la investigación on-line, el tratamiento del usuario (terapia individual, dinámica grupal y comunitaria), la capacitación/formación y enseñanza de trabajadores sociales, y la monitorización de programas de servicios sociales.

En los dos últimos meses, desde el inicio del período de confinamiento en España y en otros países latinos, el Trabajo Social Digital ha sabido aprovechar las TIC para desplegar todas sus potencialidades, con notable éxito. A modo ilustrativo, menciono aquí varios ejemplos de tal despliegue del TSD, porque considero necesario y útil aprovechar las sinergias y potencialidades que nos ofrecen:

La BlogoTSfera profesional española que tiene más de una década de vida avalada por el Consejo General del Trabajo Social, es una herramienta de reflexión individual de sus autoras, que ha ofrecido aportaciones muy significativas en el contexto de pandemia, confinamiento social y sus múltiples consecuencias de todo tipo. Además de las publicaciones personales de cada blog profesional, en la BlogoTSfera nos hemos reunido virtualmente para proponernos una reflexión colectiva de mayor calado, en relación con las nuevas realidades profesionales que la gestión del COVID-19 ha provocado. Una excelente síntesis de lo dialogado en nuestra última reunión hace unos días, la ha publicado Inma Asensio en su blog, que os recomiendo. Como ella misma nos recuerda, el próximo lunes 18 de mayo, nos auto-convocamos para avanzar en ese propósito.

Otra iniciativa, nacida e implementada en pleno confinamiento, han sido los tres encuentros virtuales de reflexión e intercambio profesional, organizados por el grupo de Trabajo Social Digital/Digital Social Work, que podéis ver aquí.

El Consejo General del Trabajo Social ha organizado semanalmente varias sesiones de webinar en las que han participado varios miles de profesionales, y que también pueden verse en su canal de youtube.

Hoy mismo se ha convocado el primer congreso temático dedicado exclusivamente al Trabajo Social Digital, que se celebrará en la UNED a finales de septiembre. Seguramente este evento marcará un hito que nos permitirá visualizar la tremenda diversidad de iniciativas y posibilidades de acción profesional y académica del TSD.

Por último, pero no menos importante, menciono una hermosa iniciativa interdisciplinar y transnacional, que con el poético nombre de Inquietação Social. e-conferenci@s, iniciamos el próximo 20 de mayo. Somos profesores y estudiantes de Portugal y España inquietos por lo que nos concierne. Organizamos de manera abierta y gratuita gracias a las TIC, diálogos con especialistas del campo social, educativo y cultural. Una experiencia de formación y reciclaje pensada con mimo para estudiantes, profesionales, profesores y activistas, interesados en la animación sociocultural, la educación social, el trabajo social y la acción transformadora. El nombre elegido está inspirado esta hermosa canción portuguesa de José Mário branco.

Nuestra idea es consolidar y desplegar la iniciativa a lo largo de todo el próximo curso, con e-conferencias en directo de especialistas, en base a la respuesta e interés que suscite esta primera experiencia piloto de tres encuentros. También queremos programar los siguientes ciclos considerando las sugerencias que nos hagáis las personas participantes en esta fase ‘experimental’. Pensamos que puede ser una actividad complementaria a la formación profesional y universitaria, además de una oportunidad de reciclaje profesional e intercambio entre personas con intereses comunes de España, Portugal y toda la Latinoamérica.
Espero que os interese, que nos ayudéis a difundirlo y que podáis hacer un hueco en vuestras agendas para participar activamente.


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#DesmontandoFalsificaciones /2/ UN CAMPO DE BATALLA CONTRA LA RETÓRICA INSTITUCIONAL

con motivo del #DiadelLibro

Cuando abrí el regalo vi esto en grandes letras de color rosa:

Pensé que mi madre había acertado de pleno con el regalo. Pero cuando abrí el ejemplar y leí la primera página, esa que llaman portadilla, me di cuenta que no había sido capaz de leer el título de la novela: Lectura fácil[1]. Había pasado desapercibido ante mis ojos, porque sólo me fijé en las grandes letras de la ilustración de portada.

En el campo de la intervención profesional, ya sea social o socioeducativa, que para el caso da igual como la llamemos, creo que nos ocurre lo mismo que me pasó a mí al ver el libro de Cristina Morales. Lo que yo vi nada tenía que ver con el título que la autora creó. Y hasta la página 57, no me percaté del porqué de ese título.

Podemos tener delante de nuestras narices el título y ser incapaces de verlo. Porque al fijamos en lo que nos llama la atención, dejamos de ver lo importante. Tenemos delante a la persona que es sujeto, con su historia. Pero sólo vemos al usuario que es objeto, con una demanda.

Durante un largo viaje en tren llegué a la página 389, que es el inicio del fin de la novela. A partir de ese momento, se me agolparon muchas de mis vivencias como estudiante, como trabajadora social, como profesora y como usuaria de servicios sociales. Y no pude contener el llanto. Un llanto silencioso que continuó tiempo después de terminado el libro, para asombro e inquietud del resto de viajeros.

En ese instante decidí que Lectura fácil, debía ser leída y reflexionada por mis estudiantes de “servicios sociales”. Porque hasta ahora,

Qué requetebién han asimilado la máxima asistencialista de que ayudar es actuar por el otro, es decir representarlo, es decir sustituirlo.

El trabajo social jamás podrá ser emancipatorio mientras en los servicios sociales, en los socioeducativos, o en los sociosanitarios (y yerbas afines) las personas sigan siendo y haciendo

de conejillo de Indias para la industria asistencial.

¿Qué es la industria asistencial?

las empresas e instituciones públicas que se dedican a disciplinarnos a base de medicamentos y a base de discursos que ensalzan la democracia y la igualdad de los ciudadanos, entre ellos el discurso del coaching[2].

Quedando incluidos en tan lúcida definición de industria asistencial los servicios oenegeístas de todo tipo.

Podemos darnos cuenta. O no. Eso es algo que tiene que ver con la alienación.

El yayo Karl decía que alienación es la desposesión del obrero con respecto a su manofactura. Yo digo que alienación es la identificación de nuestros deseos e intereses con los deseos e intereses del poder.

Ante esta omnipresente alienación, una de las cuatro protagonistas de la novela nos explica que pueden pasar tres cosas:

Uno, que no te des cuenta de lo obediente que eres, de modo que nunca te sentirás alienada. Segunda posibilidad: te das cuenta de lo obediente que eres pero te da igual. No te sientes alienada porque justificas la obediencia debida. Tercera posibilidad: te das cuenta de lo obediente que eres y no lo soportas. Entonces sí que estas alienada. ¡Enhorabuena!

Si no queremos estar alienadas como profesionales de la acción social. Si tampoco queremos ser agentes de alienación para otras personas. Si no consideramos legítimo ni ético que nuestra práctica profesional sea un instrumento de dominación, discriminación, estigmatización u opresión. Entonces tenemos que cambiar radicalmente nuestra práctica.

Ante los envites del poder no hay que doblegarse ni deprimirse: hay que radicalizarse.

No olvidando nunca que

El placer de los dominadores reside en ejercer el dominio. Y el placer de las dominadas reside en la politización.

Podemos empezar por algo sencillo. Por aquello de que el lenguaje es lo que construye la realidad: Toda forma de nombrar y definir, conlleva una determinada forma de intervenir.

Dejar de llamar a las cosas por los nombres que les puso la ideología y empezar a nombrarlas por sus nombres reales. Así, donde el lenguaje establecido enuncie “Si no obedeces, te castigaremos” nosotras las reclusas ya hemos empezado a entender otra cosa: “Si no permites que te impongamos nuestro modo de ver el mundo, y mientras no nos lo permitas, nos estarás arrebatando el ejercicio del dominio”.

Todo compromiso emancipatorio y transformador es, inevitablemente, conflictivo. Sobre todo si somos coherentes con sus principios en nuestra cotidianeidad, en los espacios significativos, donde tenemos influencia, donde la “normalidad de la opresión” no suele cuestionarse. Es preciso reconocer, valorizar y crear sinergias entre “microprácticas de resistencia”.

Una causa minoritaria de insumisión puede llegar a ser respetable. Una causa individual, no.

Debemos apoyar la emergencia de conocimientos, prácticas, competencias y marcos interpretativos normalmente silenciados. Apoyar la ‘emergencia’ de nuevas formas de ser, de saber y de poder. Y es que el trabajo social puede ejercer un poder opresivo a través de una mirada normalizadora, una vigilancia que hace posible calificar, clasificar y castigar.

Donde existen relaciones de dominación siempre existen formas de resistencia.

Pensar críticamente no es juzgar o denunciar, sino escuchar lo que resiste.

El trabajo social anti-opresivo, es un proceso que empieza siempre con un trabajo reflexivo. Que cuestiona los propios prejuicios, los propios modelos implícitos y la posición que ocupamos en el sistema de dominación. Para así tomar conciencia de nuestro papel en la reproducción de las estructuras de discriminación y poder.

Esto conlleva un proceso continuo de cuestionamiento de nuestras prácticas y un replanteamiento dialógico de nuestras estrategias de acción. E implica la disposición a cambiar radicalmente la lógica tradicional de nuestras intervenciones y reconocer la responsabilidad política de nuestro papel.

Sobre todo esto, continuaremos nuestra reflexión próximamente.

[1] Todas las frases en cursiva que aparecen como párrafos sueltos, son citas de la novela de Cristina Morales, Lectura fácil, Anagrama, Barcelona, 2018.  Los enfatizados en negrita son míos.

[2] ¿No sabes lo que es el coaching? Una técnica fascista basada en el espíritu de superación

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